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Música de piano para “niños”

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Schumann Kinderszenen Op 15

En 1838, Schumann compuso 30 breves piezas sobre sus recuerdos infantiles, de las que seleccionó trece. Con ellas formó su obra Kinderszenen (Escenas de niños). Fue en realidad el primero en escribir sobre este tema en el piano. En una carta escrita a su mujer Clara, antes de casarse, el compositor define estas miniaturas como su respuesta musical a las quejas de su prometida de que él se comportaba a veces como un niño. Las piezas son sencillas y fáciles de interpretar. En la misma carta, le dice al respecto: «Ya verás cómo te gusta tocar estas escenas infantiles, pero tendrás que olvidarte de que eres una virtuosa. Para tocarlas debes dejarte llevar por una gracia sencilla, natural y sin afectación alguna». Cada una de las piezas tiene un título pero, curiosamente y según confesaba el autor; el músico no elegía ese título hasta después de haber acabado de componer la pieza. Los hay poéticos y evocadores, juguetones, divertidos, ensoñadores, delicados… El conjunto es una obra de gran belleza, sencillez y encanto.

Tchaikovsky Album para los niños, Op 39

En una carta fechada el 30 de abril de 1878, escribía el compositor a su generosa mecenas y entusiasta admiradora, la multimillonaria, aunque sensible y refinada, madame Von Meck: «Tengo la intención de escribir un conjunto de piezas breves, de carácter sencillo y fácil, con títulos que puedan gustar a los niños, como hizo Schumann». Tchaikovsky se encontraba entonces en Kamenka, Ucrania, y compuso la obra entre mayo y agosto de aquel mismo año. Es evidente que el punto de partida para estas 24 partituras dedicadas a los niños fue Schumann, pero no sus famosas Escenas de niños, sino el Album para la Juventud, con las que guardan más afinidad. Tchaikovsky escribió piezas sencillas, pero no tanto como para que pudieran ser tocadas por meros príncipiantes en el teclado. Cada pieza está identificada, como se propuso el autor, con un título significativo que la música trata de describir o evocar. Algunos de los números están inspirados en melodías populares ucranianas, rusas, francesas e italianas, como por ejemplo «Canción rusa» (n° 11), «Canción italiana» (n° 15), «Canción napolitana» (n° 18 ), «Melodía antigua francesa» (n° 16) y «Canción popular» (n° 13), tema que ya había sido utilizado por Glinka en su Kamarinskaya. En ciertas ocasiones varias piezas están interrelacionadas, como las números 6, 7 y 9, en las que se cuenta la historia de una muñeca que enferma, su entierro y la llegada a la casa de una nueva muñeca. Otras piezas muestran el gran sentido rítmico del compositor, con recreación de danzas como el vals (n° 8 ), la mazurca (n° 10) o la polca (n° 14). En otros momentos del álbum se hace referencia a antiguos personajes del folclore ruso, como la bruja Babayaga (n° 20), se evocan cuentos contados por una anciana criada (n° 19 ) o bien se toma a los juguetes como protagonistas de la historia, como ocurre en la «Marcha de los soldaditos de plomo» (n° 5) o en la ya citada historia de las muñecas. En su conjunto estas piezas constituyen una excelente aportación al mundo del piano para los niños.

Debussy Children’s Corner

En 1905 nació la hija de Debussy, a quien su padre llamó cariñosamente Chou-Chou y para la que escribió al año siguiente una breve pieza infantil para piano titulada Serenata para una muñeca. En 1908 añadió otras cinco piezas inspiradas en el universo infantil de su adorada Chou-Chou, Children’s corner. El hecho de que el músico eligiera para esta partitura un título en inglés se debió a que la pequeña Chou-Chou tenía por entonces una institutriz inglesa que le enseñaba esa lengua. Las seis piezas fueron orquestadas en el año 1911 por André Caplet, amigo y admirador de Debussy que contaba con el pleno consentimiento del compositor. Se trata de seis breves páginas que reflejan el mundo de los juguetes y de las lecciones de piano de los niños, no exentas de cierta ironía y de una complejidad de ejecución que rebasan, con mucho, el nivel medio infantil. Cabe destacar la belleza sencilla y suavemente melancólica de «The little Shepherd», el ritmo de ragtime concedido a la vital «Solliwogg’s Cake-walk», la poética estampa «The Snow is Dancing», la serena atmósfera de «Jimbo’s Lullaby», la riqueza armónica de «Serenade for the doll» y la ingeniosa recreación de las sonatinas de Clementi en "Doctor gradus ad Parnasum".

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Written by Salvador Carbó

28 agosto, 2010 at 2:48

Publicado en Música

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