Espacio de Salvador

"siempre llenos de buen ánimo"

Avisos para leer la Sagrada Escritura (escrito de San Francisco de Borja)

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Fecha incierta: 1551-1561? – Texto en Nieremberg, pp. 487 (241-242). – Las obras, número 30.
Normas muy acertadas para hacer con fruto la lectio divina. La diferencia entre oración y lección es que "orando hablamos con Dios y leyendo Él habla con nos". El consejo principal es aplicar a la propia alma todo lo que se lee y como si fuese dicho para ella sola.
biblia-sagrada_2844_1280x960 El pisar y menospreciar las margaritas que el Señor nos dejó en su Escritura Sagrada está tan prohibido en ella, cuanto es alabado el reverenciar y acatarla con toda humildad, por no incurrir en malcaso, ni ser castigado de Dios, como lo es el pecador, a quien se dice: Quare tu enarras iustitias meas, et assumis testamentum meum per or tuum[1] etc. Por lo cual se debe tener gran cuidado. No menos diligencia habernos de hacer en examinar nuestra conciencia y quitar los polvos della, de la que hacemos para entrar en la oración. Pues la diferencia que hay della a la lición, es, que orando ha­blamos con Dios, y leyendo Él habla con nos, y para esto se notan los puntos siguientes:
  1. Después de haberme examinado por los cinco puntos, que aparte del examen se han dado[2], invocaré la gracia del Espíritu Santo, pues no menos de con su espíritu se puede entender lo que con su espíritu se dijo en la Sagrada Escritura.
  2. Leeré pocos renglones y a espacio, rumiando y considerando lo que leo, porque así lo requiere la gran­deza de los misterios que hay en lo que se lee.
  3. Notaré las reprensiones como si a mí se dijesen, para poner remedio en lo venidero. Con lo que leyere de la justicia divina refrenaré mis pasiones; mis triste­zas y aflicciones, con la misericordia; mi desconfianza, con la esperanza que la Escritura da a los siervos del Señor. Remediaré mis trabajos con el premio que re-promete. Encenderé la voluntad con el amor que el Señor muestra. Escarmentaré en los castigos. Seguiré los caminos que los santos siguieron, y finalmente todo lo leeré como si para mí solo se dijese.

  4. Cuando algo no entendiere, no seré escudriña­dor de la Majestad[3], pasaré adelante acatando el miste­rio que allí está encerrado, y espantarme he de lo mu­cho que entiendo, para lo poco que me aprovecho.

  5. Cuando alguna inteligencia o devoción me die­re el Señor, seré grato en reconocerla y diligente en obrar, porque no se convierta todo en daño.

  6. Cuando acabare la lición, resolveré lo que saqué della para ejercitarme en ello.

  7. Cuando se comienza la una lición, veráse la pa­sada, para confundirme en lo que hice y he dejado de hacer, porque así debo la confusión por mi descuido, como la debo por el beneficio recibido del Señor, por darlo a quien tan poco se lo merece; y desta manera sacaré provecho en lo uno y en lo otro, sacando de lo primero dolor y conocimiento propio, y de lo segundo hacimiento de gracias.




[1] “¿A qué viene recitar mis preceptos y ponerte a hablar de mi alianza?” (Sal 49, 16).
[2] No vemos dónde haya hablado Borja de estos cinco puntos del examen. Parece referirse a los cinco puntos que para el examen general de la conciencia se recomiendan en el libro de los Ejerccios, y son: agradecer a Dios los beneficios recibidos; pedirle luz para conocer las faltas; el examen propiamente dicho; dolor; pro­pósito para adelante.
[3] Cfr. Prov 25, 27.

Written by Salvador Carbó

19 noviembre, 2009 a 18:18

Publicado en San Francisco de Borja

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