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Benedicto XVI a los artistas: Lo que necesita el mundo es belleza

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Camino para encontrar a Dios, dice en la Capilla Sixtina
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Con “El Juicio final” de Miguel Ángel Buonarroti como testigo, en la Capilla Sixtina, el pontífice dirigió su palabra a unos 260 representantes del mundo artístico de renombre internacional y de diferentes creencias o confesiones religiosas: cantantes –tanto de popo y rock como líricos–, músicos, escritores, pintores, arquitectos, escultores, artistas de cine y televisión…
Se trataba de una iniciativa organizada por el arzobispo Gianfranco Ravasi, presidente del Consejo Pontificio de la Cultura, que no sólo buscaba recordar los diez años de la carta que Juan Pablo II dirigió a los artistas, sino sobre todo superar ese “divorcio” entre la Iglesia y el mundo artístico constatado con dolor por Pablo VI en un encuentro de esas mismas características celebrado hace 45 años.
En medio del ambiente de pesimismo que se respira a causa de la crisis económica y social, el Papa preguntó a los artistas: “¿Qué es lo que puede volver a dar entusiasmo y confianza, qué puede animar al alma humana a encontrar el camino, a levantar la mirada hacia el horizonte, a soñar una vida digna de su vocación? ¿No es acaso la belleza?”.
“La experiencia de lo bello, de lo auténticamente bello, de lo que no es efímero ni superficial –respondió el Papa–, no es accesorio o algo secundario en la búsqueda del sentido y de la felicidad, porque esa experiencia no aleja de la realidad, más bien lleva a afrontar de lleno la vida cotidiana para liberarla de la oscuridad y transfigurarla, para hacerla luminosa, bella”.
La belleza, según el Papa, puede provocar en el ser humano “una saludable ‘sacudida’, que le haga salir de sí mismo, le arranque de la resignación, de la comodidad de lo cotidiano, le haga también sufrir, como un dardo que lo hiere pero que le ‘despierta’, abriéndole nuevamente los ojos del corazón y de la mente, poniéndole alas, empujándole hacia lo alto”.
Y para explicar mejor sus palabras citó al escritor ruso Fyodor Dostoyevsky (1821-1881) para afirmar: “La humanidad puede vivir sin la ciencia, puede vivir sin pan, pero sin la belleza no podría seguir viviendo, porque no habría nada que hacer en el mundo. Todo el secreto está aquí, toda la historia está aquí”.
Ahora bien, siguió constatando el obispo de Roma, “con demasiada frecuencia, sin embargo, la belleza de la que se hace propaganda es ilusoria y falaz, superficial y cegadora hasta el aturdimiento y, en lugar de sacar a los hombres de sí y abrirles horizontes de verdadera libertad, empujándolos hacia lo alto, los encarcela en sí mismos y los hace ser todavía más esclavos, quitándoles la esperanza y la alegría”.
Por el contrario, señaló, la belleza, “puede convertirse en un camino hacia lo trascendente, hacia el misterio último, hacia Dios”.
Por este motivo, presentó el “camino de la belleza” como “un recorrido artístico, estético, y un itinerario de fe, de búsqueda teológica”.
Por eso su discurso se convirtió en una constatación de la necesidad que tienen los artistas de Dios y de la necesidad que la Iglesia tiene del arte para evangelizar.
“Para transmitir el mensaje que Cristo le ha confiado, la Iglesia tiene necesidad del arte”, afirmó, animando a los artistas “a encontrar en la experiencia religiosa, en la revelación cristiana y en el ‘gran código’ que es la Biblia una fuente de renovada y motivada inspiración”.
Antes de despedirse, el Papa lanzó este llamamiento a los artistas: “¡no tengáis miedo de relacionaros con la fuente primera y última de la belleza, de dialogar con los creyentes, con quien, como vosotros, se siente peregrino en el mundo y en la historia hacia la Belleza infinita!”.
“La fe no quita nada a vuestro genio, a vuestra arte, es más, los exalta y los nutre, los anima a atravesar el umbral y a contemplar con ojos fascinados y conmovidos la meta última y definitiva, el sol sin crepúsculo que ilumina y hace bello el presente”, concluyó.
El Papa no se despidió con un “adiós”, sino con un “arrivederci” (hasta volver a vernos), un saludo con el que daba a entender que éste era el inicio de una serie de encuentros.
Al final del encuentro, en nombre del Santo Padre, monseñor Ravasi, entregó a cada uno de los participantes una medalla pontificia acuñada especialmente para el acontecimiento.
Entre los presentes se encontraban el tenor Plácido Domingo, el arquitecto Santiago Calatrava, el escultor Venancio Blanco, el actor mexicano Eduardo Verástegui.
Otros de los presentes era el videoartista norteamericano Bill Viola, la escritora italiana Susanna Tamaro, el cantante Andrea Bocelli, el compositor Ennio Morricone.
La Capilla Sixtina también acogió a la arquitecta de origen iraquí Zaha Hadid, al arquitecto Daniel Libeskind, al compositor Arvo Part, a los artistas Anish Kapoor y Jannis Kounellis, y al actor italiano Terence Hill, el director de cine israelí Samuel Moaz, o la actriz Irene Papas.
[Por Jesús Colina]

Written by Salvador Carbó

23 noviembre, 2009 a 14:54

Publicado en Fe

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