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Intervención Sínodo Nueva Evangelización Kiko Argüello (Francisco José Gómez Argüello Wirtz), iniciador del Camino Neocatecumenal (17-10-2012)

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La Carta a los Hebreos dice: “Como los hijos comparten la sangre y la carne, así también Cristo las compartió, para reducir a la impotencia mediante su muerte al que tenía el dominio sobre la muerte, es decir, el diablo, y liberar a los que, por temor a la muerte, estaban de por vida sometidos a la esclavitud” (Hb 2, 14-15).

¿Creemos verdaderamente que los hombres, por miedo a la muerte, están sometidos de por vida a la esclavitud del demonio? Si lo creemos, este Sínodo debe decir con San Pablo: “Caritas Christi urget nos. El amor de Cristo nos apremia a pensar que si Él murió por todos, todos murieron. Y murió por todos, para que ya no vivan para sí los que viven, sino para Aquel que murió y resucitó por ellos” (2Co 5,14).
Dice San Pablo que Dios quiso salvar el mundo mediante la necedad del kerigma, que es el anuncio de esta noticia.

La fe viene de la escucha y hoy vivimos en una sociedad secularizada que tiene los oídos cerrados.

Si queremos evangelizar, es preciso dar signos que abran los oídos al hombre contemporáneo. Pero ¿cómo puede llegar una comunidad cristiana a este nivel de fe del amor, en la dimensión de la cruz y de la unidad perfecta? De aquí la necesidad del catecumenado postbautismal que haga crecer la fe.

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Written by Salvador Carbó

18 octubre, 2012 at 15:53

Publicado en Actualidad, Camino, Fe

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La crisis de fe es el mayor desafío para la Iglesia de hoy, dijo el papa

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Audiencia a los participantes en la plenaria de la Congregación para la Doctrina de la Fe

CIUDAD DEL VATICANO, viernes 27 enero 2012 (ZENIT.org).- Benedicto XVI recibió este viernes por la mañana en audiencia, en la Sala Clementina del Palacio Apostólico Vaticano, a los participantes en la sesión plenaria de la Congregación para la Doctrina de la Fe. En su discurso, ha afrontado algunas cuestiones relativas al diálogo ecuménico y los métodos empleados.

Benedicto XVI, en su discurso a los participantes, dió las gracias al cardenal William Levada, presidente de la Congregación para la Doctrina de la Fe, por sus palabras de saludo y subrayó los importantes empeños de este dicasterio en los últimos años.

Le ha agradecido también su colaboración en la preparación del Año de la Fe, como “momento propicio para volver a proponer a todos el don de la fe en Cristo resucitado, la luminosa enseñanza del Concilio Vaticano II y la valiosa síntesis doctrinal ofrecida por el Catecismo de la Iglesia Católica”.

El papa ha subrayado que “en amplias zonas de la tierra la fe corre el peligro de apagarse como una llama que ya no encuentra alimento. Estamos ante una profunda crisis de fe, una pérdida del sentido religioso que es el mayor desafío para la Iglesia de hoy”.

Por ello, añadió, “la renovación de la fe debe ser la prioridad en el empeño de la Iglesia entera en nuestros días”.

Expresó el deseo de que el Año de la Fe “pueda contribuir, con la colaboración cordial de todos los integrantes del Pueblo de Dios, a hacer a Dios nuevamente presente en este mundo y a abrir a los hombres el acceso a la fe, al confiarse a aquél Dios que nos ha amado hasta el final, en Jesucristo crucificado y resucitado”.

Benedicto XVI subrayó también que “el tema de la unidad de los cristianos está estrechamente ligado con esta tarea” y se ha detenido en algunos aspectos doctrinales sobre el camino ecuménico de la Iglesia, que ha sido objeto de estudio en esta sesión plenaria.

Ha recordado que, en la lógica del Concilio Vaticano II, “la búsqueda sincera de la plena unidad de todos los cristianos es un dinamismo animado de la Palabra de Dios, de la Verdad divina que nos habla en esta Palabra”.

El problema crucial, según el papa, es “la cuestión de la estructura de la revelación, la relación entre la Sagrada Escritura, la Tradición viva en la Santa Iglesia y el Ministerio de los sucesores de los Apóstoles como testigos de la verdadera fe”.

Y, aquí, señaló el pontífice, es importante el discernimiento entre la Tradición con mayúscula y las tradiciones. Sin entrar en detalles, hizo una observación: “Un importante paso en tal discernimiento se ha dado en la preparación y en la aplicación de las medidas para los grupos de fieles provenientes del Anglicanismo, que desean entrar en la plena comunión de la Iglesia, en la unidad de la común y esencial Tradición divina, conservando las propias tradiciones espirituales, litúrgicas y pastorales que son conformes con la fe católica”.

Benedicto XVI apuntó en su discurso otras cuestiones como los métodos adoptados en los diversos diálogos ecuménicos que “deben reflejar la prioridad de la fe”, y la problemática moral “que es un nuevo desafío para el camino ecuménico”. En este sentido, recordó que, en los diálogos, no se pueden ignorar “las grandes cuestiones morales sobre la vida humana, la familia, la sexualidad, la bioética, la libertad, la justicia y la paz”.

Y finalizó su discurso deseando una estrecha y fraterna colaboración entre esta Congregación y el Consejo Pontificio para la Promoción de la Unidad de los Cristianos “a fin de promover eficazmente el restablecimiento de la plena unidad entre todos los cristianos”.

Written by Salvador Carbó

28 enero, 2012 at 17:46

Publicado en Actualidad, Fe

2000 personas escuchan en oración los Santos Inocentes en Belén

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(Noticia aparecida en el Patriarcado latino de Jerusalén)

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Ayer, martes, 27 de diciembre, san Juan Evangelista, en el Palacio de Convenciones de Belén, unos 180 músicos y cantantes expresaron con la música y la oración, el grito de dolor de los santos inocentes y la Virgen María. Kiko Argüello, iniciador del Camino Neocatecumenal ofreció este concierto majestuoso a 2000 personas.

La sala, atestada: 2000 personas para 1750 asientos. Silencio. Todos escuchan las explicaciones de Kiko, iniciador del Camino Neocatecumenal y compositor de este concierto singular. La obra presenta a la Virgen María sujeta al escándalo del sufrimiento de los inocentes en su propia carne. En este 27 de septiembre, víspera de la solemnidad de los Santos Inocentes. Aquí, en Belén. En el mismo lugar donde ocurrió la masacre. Kiko hará de esta noche un concierto orante único con la introducción de la mediante la lectura de Ezequiel (22, 1.7-12.21, 14-22) y Lucas (2, 22-35), y porque, explicará, «en un tema como este, la música puede decir algo mucho más profundo que las palabras».

El concierto, dirigido por la mano maestra de Pau Jorquera (Barcelona), se divide en cuatro tiempos, sólo interrumpidos por la pausa para la meditación:

1 / Getsemaní: El canto de los violines, ligero, introduce al auditorio en el huerto de los Olivos. Poco a poco, resuena la percusión a los lejos, adensando imperceptiblemente la atmósfera. Cristo entra en agonía. Y desde el fondo del valle, los 150 cantantes y músicos retienen con una sola voz Su grito: «¡Abba!», cuyo eco se pierde en el pesado silencio de Su soledad.

2 / Lamento – gemido: Lágrimas de la Virgen María, que contempla a su hijo en la agonía. Delicadeza y armonía de la orquesta en torno a la que se encuentra al pie de la Cruz. El sonido de los instrumentos, como en secreto y casi de forma silenciosa, revela el infinito dolor de esta Madre afligida; mientras las notas del arpa recuerdan el caer de las lágrimas a lo largo de su rostro.

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3 / «¡Perdónalos!»: Trompetas, trompas, campanas y el canto del coro: «Padre, perdónalos!». La voz de Cristo resuena y se pierde en medio de los violines que, en un crescendo dramático, configuran el ambiente de la muerte inminente de Cristo. A lo lejos, el sonido de la arpa recuerda dolorosamente las lágrimas de María.

4 / La espada: «Y a ti misma una espada te traspasará el alma» (Lc 2,35). La música muestra el dolor de María atravesada por la espada del sufrimiento, al pie de la cruz. Y, de repente, las 2000 personas, todo el público se levanta para cantar, como eco de Kiko, «¡ya Mariam!», dirigiéndose con todas sus voces a la Virgen María en un rapto de apoyo y compasión.

La Iglesia del aleluya

La obra termina con un canto de todo el coro y, con fuerza, todos los instrumentos y cantantes proclaman la Resurrección, para recordar a todos que, a pesar del sufrimiento, la victoria está asegurada con Cristo resucitado. Lo que subrayará el patriarca Fouad Twal tras el concierto: «Somos la Iglesia de la cruz; pero también de la alegría, la esperanza, la resurrección, y del ¡aleluya!». El patriarca dio las gracias calurosamente a Kiko; al director del coro, Pau Jorquera, y a todos los cantantes y músicos. «Con este concierto que nos habéis ofrecido, hemos entendido el grito de dolor. Forma parte de nuestra vida, de nuestro patrimonio. El drama de los Santos Inocentes sucede justo después de la alegría de la Navidad. No se puede separar el dolor de la alegría: «El que quiera seguirme, tome su cruz». Pedimos a la Virgen María que nos ayude; a Ella, que sabe que el Señor es victorioso; Ella, que tiene que sufrir, permanecer en silencio, confiar en todo y aceptar; aunque no comprenda».

Mons. Fouad Twal estuvo acompañado durante el concierto del nuncio apostólico, Mons. Franco; Mons. Shomali, obispo auxiliar vicario para Jerusalén; Mons. Marcuzzo, obispo auxiliar vicario para Israel; Mons. Bathish, obispo auxiliar emérito de Jerusalén y Mons. Joseph-Jules Sreyi, arzobispo de la Iglesia greco-católica.

El Camino Neocatecumenal

El Camino Neocatecumenal, , nacido en 1964 en Madrid, cuenta hoy con 40.000 comunidades en el mundo. Muchas comunidades se han establecido en Tierra Santa y, en particular, en Galilea. El Camino ha edificado y regenta la Domus Galilææ, un centro de formación, estudio y retiro cerca del monte de las Bienaventuranzas.

Amélie de La Hougue

(Traducción del francés por Daniel Berzosa y López, OCSSJ)

Written by Salvador Carbó

3 enero, 2012 at 12:19

Publicado en Arte, Fe, Música

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Los santos inocentes se celebran con música en Belén

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(Noticia publicada en la web del Patriarcado latino de Jerusalén)

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CONCIERTO EN BELÉN

Víspera de la fiesta de los Santos Inocentes

200 músicos de España e Italia

EL SUFRIMIENTO DE LOS INOCENTES

CELEBRACIÓN SINFÓNICA CATEQUÉTICA


Presentamos una pequeña composición musical, que entiendo como una celebración, y, al tiempo, una catequesis sobre el sufrimiento de los inocentes, sobre el sufrimiento de la Virgen. ¿Puede la música decir algo profundo sobre un tema tan importante como este…?

Dios se hizo hombre para asumir Él mismo el sufrimiento de todos los inocentes. Él es el Inocente por excelencia, el cordero llevado al matadero que no abre la boca, que carga sobre sí mismo los pecados de todos. Esta pequeña obra presenta a la Virgen María que padece en su propia carne el escándalo del sufrimiento de los inocentes, en la carne de su propio hijo. «¡Ah, ¡qué dolor!», canta una voz, mientras una espada atraviesa su corazón. Nos gustaría mostrar, con estos bocetos musicales, como un ángel ayudó a la Virgen; al igual que le sucedió a Jesús en el Huerto de los Olivos, cuando un ángel le ayudó a beber el cáliz preparado para los pecadores. Nos gustaría contemplar y sostener a la Virgen que acepta este puñal, que, según el profeta Ezequiel, Dios preparó por los pecados de su pueblo, y ahora atraviesa el alma de esta pobre mujer: ¡María, María! ¡Madre de Dios! Santa Theotokos. ¡Ánimo! Eres la madre de Dios, que se enfrenta al pecado por nosotros y se ofrece para la salvación de todos. Madre de Dios y Madre nuestra.

Kiko Argüello

Informaciones práticas:

Concierto de Belén – Sinfonía compuesta por Kiko Argüello
Martes, 27 de diciembre de 2011; 18:00 horas
Palacio de Congresos – Piscinas de Salomón – Belén
Entrada libre
Para más información, diríjase a la Domus Galilaeae en el teléfono 04 6809100

(Traducción del francés por Daniel Berzosa y López, OCSSJ)

Written by Salvador Carbó

22 diciembre, 2011 at 9:38

Publicado en Actualidad, Arte, Camino, Fe, Música

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“Los cuatro escalones de la escala para subir al cielo”, de Teófano el recluso

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Recordad la sabía enseñanza de San Juan Clímaco. Comparad la manera en que debemos elevarnos hacia Dios a una escala de cuatro escalones. Algunos, dice, domeñan sus pasiones; otros cantan, es decir, oran con sus labios; los terceros practican la oración interior; finalmente, los últimos tienen visiones.

Aquellos que quieren subir esta escala no pueden comenzar por la cumbre, sino que deben partir de abajo. Deben poner el pie sobre el primer escalón, luego sobre el segundo, luego sobre el tercero y, finalmente, sobre el cuarto. Todo el mundo puede subir al mundo por esta escala.

Debéis comenzar por domeñar y reducir vuestras pasiones; luego, debéis practicar la salmodia –dicho de otro modo, debéis adquirir el hábito de la oración vocal-; luego debéis practicar la oración interior y, finalmente, podréis alcanzar el escalón a partir del cual es posible llegar a las visiones.

El primer escalón es el de los novicios; el segundo, el de los progresantes; el tercero el de los que han progresado hasta el fin; y el cuarto está reservado a aquellos que han llegado a la perfección.


Extraído de “Consejos a los Ascetas” de Teófano el recluso

Written by Salvador Carbó

19 diciembre, 2011 at 8:03

Publicado en Escritos, Fe

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“Implacables contra nosotros mismos”, de Teófano el Recluso

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Presentamos un fragmento de Teófano el recluso, monje ortodoxo de gran sabiduría del siglo XIX, extraído de capítulo titulado “la guerra contra las pasiones”.


Después de haberos abandonado a Dios y a su gracia en la oración, buscad en vosotros todo lo que os incita al pecado y esforzaos por separarlo de vuestro corazón, orientándolo hacia lo que es opuesto. Por ese medio desarraigaréis el pecado, cuya fuerza será destruida. En esta tarea, dad toda libertad a vuestro poder de discernimiento y dejadlo conducir vuestro corazón.

Esta lucha contra las fuerzas del mal es absolutamente esencial, si queremos quebrar nuestra voluntad propia. Es necesario continuar combatiendo contra sí mismo hasta que, en lugar de esa piedad y esa autocompasión, nos sintamos sin piedad ni compasión hacia nosotros mismos; continuar combatiendo hasta que tengamos el deseo de sufrir, de agotar nuestra alma y nuestro cuerpo. Es necesario proseguir ese esfuerzo hasta que, en lugar de buscar complacer a los hombres, experimentemos un sentimiento de repulsión contra todos los malos hábitos y todo lo que les está asociado, hasta que podamos resistir con coraje y tenacidad, sometiéndonos al mismo tiempo a  todas las injusticias y todos los malos tratos que nos serán infligidos por tal causa.

Es necesario continuar hasta que el apetito por las cosas materiales, sensibles y visibles, desaparezca completamente y sea reemplazado por un sentimiento de disgusto hacia esas cosas; entonces tendremos, por el contrario, hambre y sed de lo que es espiritual, puro y divino. En lugar de ligarse a la tierra, en lugar de poner todo su bienestar y su vida en este amor, el corazón comienza a ser colmado por el sentimiento de no ser sobre la tierra más que un peregrino que aspira a reencontrar su patria.

Written by Salvador Carbó

15 diciembre, 2011 at 8:07

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Audiencia: Dios, tesoro precioso que hay que custodiar en la oración

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Benedicto XVI comenta la intercesión de Jesús por el ciego y por Lázaro

CIUDAD DEL VATICANO, miércoles 14 de diciembre de 2011 (ZENIT.org).- Ofrecemos la catequesis que Benedicto XVI ha dirigido a los fieles congregados de Italia y de todas las partes del mundo para la tradicional Audiencia de los miércoles. La catequesis continúa el ciclo de la oración.

* * * * *

Queridos hermanos y hermanas, hoy quisiera reflexionar con vosotros sobre la oración de Jesús vinculada a su prodigiosa acción curativa. En los Evangelios se presentan distintas situaciones en las que Jesús reza frente a la obra benéfica y sanadora de Dios Padre, que actúa a través de Él. Se trata de una oración que, una vez más, manifiesta la relación única de conocimiento y de comunión con el Padre, mientras que Jesús se deja implicar con gran participación humana en el sufrimiento de sus amigos, por ejemplo Lázaro y su familia, o de los muchos pobres y enfermos que Él quiso ayudar concretamente.

Un caso significativo fue la curación del sordomudo (cfr Mc 7,32-37). El relato del evangelista Marco que apenas hemos escuchado, muestra que la acción sanadora de Jesús está conectada con su intensa relación con el prójimo, el enfermo, y con el Padre. La escena del milagro está descrita con atención, de esta manera: “Jesús lo separó de la multitud y, llevándolo aparte, le puso los dedos en los oídos y con su saliva le tocó la lengua. Después, levantando los ojos al cielo, suspiró y dijo: Efatá, que significa: ‘Ábrete'(7,33-34). Jesús quiere que la curación suceda “aparte, lejos de la multitud”. Esto parece ser no solo para que el milagro se realice sin que la gente se dé cuenta, para evitar que se hagan interpretaciones limitadas o distorsionadas de la persona de Jesús. La elección de llevar al enfermo aparte, hace que, en el momento de la curación, Jesús y el sordomudo se encuentren solos, cercanos, en una relación particular. Con un gesto, el Señor toca los oídos y la lengua del enfermo, o sea los centros específicos de su enfermedad. La intensidad de la atención de Jesús se manifiesta también en los rasgos insólitos de la curación: Emplea sus propios dedos y su propia saliva. También el hecho de que el evangelista nos traslade la palabra original pronunciada por el Señor: Effatà que quiere decir “¡Ábrete!”, evidencia el carácter singular de la escena.

Pero el punto central de este episodio es el hecho de que Jesús en el momento de realizar la curación, busca directamente su relación con el Padre. El relato dice, de hecho, que Él “mirando hacia el cielo, suspiró” (v.34). La atención al enfermo, la atención de Jesús hacia él, están vinculados a una actitud profunda de oración dirigida a Dios. Y el suspiro se describe con un verbo que en el Nuevo Testamento indica la aspiración a algo bueno que todavía falta (cfr Rm 8,23). El conjunto del relato muestra que la implicación humana con el enfermo lleva a Jesús a la oración. Una vez más surge su relación única con el Padre, su identidad de Hijo Unigénito. En Él, a través de su persona, se hace presente la actuación benéfica y sanadora de Dios. No es un caso en el que el comentario conclusivo de la gente, después del milagro, recuerde la valoración de la creación en el inicio del Génesis: “Ha hecho bien todas las cosas” (Mc 7, 37). En la acción sanadora de Jesús, entra de un modo claro la oración, con su mirada hacia el cielo. La fuerza que ha sanado al sordomudo está ciertamente provocada por la compasión hacia él, pero proviene del recurso hacia el Padre. Se encuentran estas dos relaciones: la relación humana de compasión con el hombre, que entra en la relación con Dios, y se convierte así, en curación.

En el relato joánico sobre la resurrección de Lázaro, se testifica esta misma dinámica, con una evidencia todavía mayor (cfr. Jn 11, 1-44). También aquí se entrelazan, por una parte, el vínculo de Jesús con un amigo y con su sufrimiento y, por la otra, la relación filial que Él tiene con el Padre. La participación humana de Jesús en el asunto de Lázaro tiene detalles particulares. Durante todo el relato se recuerda varias veces la amistad con él, así como también con las hermanas Marta y María. Jesús mismo afirma: “Nuestro amigo Lázaro duerme, pero yo voy a despertarlo”(Jn 11,11). El afecto sincero por el amigo está evidenciado también por las hermanas de Lázaro, así como de los judíos (cfr Jn 11,3; 11,36), se manifiesta en la conmoción profunda de Jesús con la vista del dolor de Marta y de María y de todos los amigos de Lázaro y desemboca en el llanto –tan profundamente humano- al acercarse a la tumba: “Jesús, al verla llorar a ella, y también a los judíos que la acompañaban, conmovido y turbado, preguntó: ‘¿Dónde lo pusieron?’. Le respondieron: ‘Ven, Señor, y lo verás’. Y Jesús lloró” (Jn 11, 33-35).

Este vínculo de amistad, la participación y la conmoción de Jesús ante el dolor de los parientes y conocidos de Lázaro, se vincula, en todo el relato, con una continua e intensa relación con el Padre. Desde el principio, el suceso es interpretado por Jesús en relación con su propia identidad y misión y con la glorificación que lo espera. Al recibir la noticia de la enfermedad de Lázaro, de hecho, comenta: “Esta enfermedad no es mortal; es para gloria de Dios, para que el Hijo de Dios sea glorificado por ella” (Jn 11,4). También el anuncio de la muerte del amigo es acogido por Jesús con profundo dolor humano, pero siempre con una clara referencia a la relación con Dios y con la misión que Él le ha confiado. Dice: “Lázaro ha muerto, y me alegro por vosotros de no haber estado allí, para que creáis. Vayamos a verlo” (Jn 11, 14-15). El momento de la oración explícita de Jesús al Padre ante la tumba es la conclusión natural de toda la historia, dado el doble registro de la amistad con Lázaro y la relación filial con Dios. También aquí las dos relaciones van unidas. “Padre, te doy gracias porque me has escuchado” (Jn 11 41), es una eucaristía. La frase revela que Jesús no ha dejado ni siquiera un instante la oración de petición por la vida de Lázaro. Esta oración continua ha reforzado, incluso, el vínculo con el amigo, y ha confirmado, al mismo tiempo, la decisión de Jesús de permanecer en comunión con la voluntad del Padre, con su plan de amor, en el que la enfermedad y la muerte de Lázaro son consideradas como momentos en los que se manifiesta la gloria de Dios.

Queridos hermanos y hermanas, leyendo esta narración, cada uno de nosotros está llamado a comprender que, en la oración de petición al Señor, no debemos esperar un cumplimiento inmediato de lo que pedimos, de nuestra voluntad, sino confiarnos sobre todo a la voluntad del Padre, leyendo cada suceso en la perspectiva de su gloria, de su diseño de amor, a menudo misterioso para nuestros ojos. Por esto, en nuestra oración, la petición, la alabanza y la acción de gracias deberían darse unidas, incluso cuando parece que Dios no responda a nuestras esperanzas concretas. El abandonarse en el amor de Dios, que nos precede y nos acompaña siempre, es una de las actitudes fundamentales en nuestro diálogo con Dios. El Catecismo de la Iglesia Católica comenta de esta manera la oración de Jesús en el relato de la resurrección de Lázaro: “Así, apoyada en la acción de gracias, la oración de Jesús nos revela cómo pedir: antes de que lo pedido sea otorgado, Jesús se adhiere a Aquél que da y que se da en sus dones. El Dador es más precioso que el don otorgado, es el ‘tesoro’, y en Él está el corazón de su Hijo; el don se otorga como ‘por añadidura’ (cf Mt 6, 21. 33)” (2604). También para nosotros, más allá de lo que Dios nos da cuando le invocamos, el don más grande que nos puede dar es su amistad, su presencia, su amor. Él es el tesoro precioso que hay que pedir y custodiar siempre.

La oración que Jesús pronuncia mientras se retira la piedra que tapa la entrada de la tumba de Lázaro, tiene un resultado singular e inesperado. Él, de hecho, después de haber dado gracias a Dios Padre, añade: “Yo sé que siempre me escuchas, pero lo he dicho por esta gente que me rodea, para que crean que tú me has enviado” (Jn 11,42). Con su oración, Jesús quiere llevarnos a la fe, a la confianza total en Dios y en su voluntad, y quiere mostrar que este Dios que tanto ha amado al hombre y al mundo, hasta el punto de mandar a su Hijo Unigénito (cfr Jn 3,16), es el Dios de la Vida, el Dios que lleva esperanza y es capaz de darle la vuelta a situaciones humanamente imposibles. La oración confiada de un creyente, por tanto, es un testimonio vivo de esta presencia de Dios en el mundo, de su interés en el hombre, de su acción para llevar a cabo su plan de salvación.

Las dos oraciones de Jesús meditadas ahora y que acompañan la curación del sordomudo y la resurrección de Lázaro, revelan que el profundo vínculo entre el amor a Dios y el amor al prójimo debe entrar también en nuestra oración. En Jesús, verdadero Dios y verdadero hombre, la atención hacia el otro, especialmente si está necesitado o sufre, el conmoverse ante el dolor de una familia amiga, lo llevan a dirigirse al Padre, en esa relación que dirige toda su vida. Pero también al revés: la comunión con el Padre, el diálogo constante con Él, empuja a Jesús a estar atento de un modo único a las situaciones concretas del hombre para llevarle el consuelo y el amor de Dios. La relación con el hombre nos guía hacia la relación con Dios, y la relación con Dios nos guía de nuevo hacia el prójimo.

Queridos hermanos y hermanas, nuestra oración abre la puerta a Dios, que nos enseña a salir constantemente a de nosotros mismos para ser capaces de acercarnos a los demás, especialmente en los momentos de la prueba, para llevarles consuelo, esperanza y luz. Que el Señor nos conceda ser capaces de una oración cada vez más intensa, para reforzar nuestra relación personal con Dios, agrandar nuestro corazón a la necesidad del que está a nuestro lado y sentir la belleza de ser “hijos en el Hijo”, junto a muchos hermanos. ¡Gracias!

[Traducción del original italiano por Carmen Álvarez ©Libreria Editrice Vaticana]

Written by Salvador Carbó

15 diciembre, 2011 at 0:12

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