Espacio de Salvador

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Archive for the ‘Música’ Category

Nueva versión del "Resucitó"

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Se ha publicado recientemente el cantoral con los Cantos del Camino. Este es el documento RESUCITO19Edicion2010.

Publicamos a continuación la nota al mismo.

NOTA A LA DECIMONOVENA EDICIÓN

Queridos hermanos,
Con esta nueva edición del libro de cantos del Camino Neocatecumenal hemos finalizado la revisión que ya iniciamos en la decimoctava edición anterior, y que confiamos contribuya a realizar con mayor fidelidad y amor este servicio de cantores, mediante este tesoro que son los cantos del Camino.
En esta nueva edición hemos incorporado todos los cantos que Kiko ha compuesto y enseñado en las convivencias de inicio de curso de los últimos años; hemos introducido algunos cantos y estrofas inéditas que hemos recuperado de grabaciones archivadas en el Centro Neocatecumenal, y que con el paso del tiempo se habían perdido; hemos ajustado, corregido y mejorado la estructura de los textos de todos los cartones con el objetivo de facilitar la lectura y ejecución del canto; adicionalmente, hemos incorporado algunos cantos que no se habían traducido al español y que formaban parte del libro de cantos en Italia.
Notaréis que en esta edición hemos reorganizado un conjunto numeroso de cantos, cambiándolos de posición y color; tenéis a vuestra disposición en la página siguiente el detalle completo. Esta nueva clasificación persigue una clasificación más ajustada a cómo los hermanos van recibiendo los cantos de sus catequistas, a medida que la comunidad avanza en las distintas etapas y pasos del Camino; para realizar esta clasificación nos hemos basado en las Orientaciones a los equipos de catequistas.
Como siempre tenéis a vuestra disposición la Secretaría del Centro para comunicar cualquier incidencia o sugerencia que contribuya a mejorar este instrumento al servicio de la comunidad.

Centro Neocatecumenal Diocesano de Madrid
Octubre 2010

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Written by Salvador Carbó

17 noviembre, 2010 at 10:37

La especialidad del arte sacro

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Por Rodolfo Papa*
ROMA, martes 9 de noviembre de 2010 (ZENIT.org).- ¿Qué significa “arte sacro”? La definición del concepto de “arte” es muy compleja; difícil es también la connotación de la noción de “sacro”, de modo que se pueda obtener una respuesta a la pregunta inicial mediante la suma de las definiciones del sustantivo “arte” y del adjetivo “sacro”, resulta particularmente arduo y, quizás, infructuoso. Fecundo, en cambio, es buscar la identidad del arte sacro en los documentos magisteriales, siguiendo su recorrido casi topográfico, en el que mediante precisaciones progresivas se descrubre cuál es el lugar y la finalidad específica del propio arte sacro.
Puede ser útil partir de un documento del Concilio Vaticano II, la Constitución Pastoral Gaudium et Spes en la que leemos: “el hombre, cuando se entrega a las diferentes disciplinas de la filosofía, la historia, las matemáticas y las ciencias naturales y se dedica a las artes, puede contribuir sobremanera a que la familia humana se eleve a los conceptos más altos de la verdad, el bien y la belleza y al juicio del valor universal” (n. 57).
El arte se coloca entre las disciplinas que elevan al hombre, y por tanto posee una auténtica connotación humanística, entendiendo el humanismo como cultivatio animi. Esta elevación de la familia humana tiene lugar mediante el conocimiento de lo verdadero, del bien y de lo bello. Está clara la referencia a las características trascendentales del ser, es decir, a esas características que poseen todo aquello que es en cuanto que es, es decir, la verdad, la bondad y la belleza, que son perfecciones compartidas por Dios a toda la creación. Está claro también que el arte se define por una singular relación con la belleza.
Dado que la noción de arte es muy vasta y plural, es útil hacer referencia a la distinción entre artes liberales (es decir, las artes teóricas, que no implican un trabajo físico, como la poesía) y artes mecánicas (es decir, las artes que implican trabajo manual, como la escultura y la pintura). Con todo se trata de una distinción que el Renacimiento ya demostró superar; el arte auténtico implica la liberalidad del conocimiento y la mecanicidad (es decir, la practicidad efectiva) de la producción. Por tanto en cierta forma supera esta separación, o mejor, la integra orgánicamente.
Aclarado esto, es necesario también aforntar la distinción entre artes útiles y artes bellas. Las artes útiles están dirigidas a fines prácticos, mientras que las artes bellas están dirigidas a la belleza. El arte, por tanto, va precisándose en su identidad específica, por una relación particular con la belleza. Y es precisamente en este contexto de las bellas artes donde debemos buscar el lugar del arte sacro. De hecho la belleza del arte expresa la belleza de lo creado, y por eso mismo, del Creador, y está por tanto constitutivamente abierta en relación con Dios.
Dentro el arte bello se distingue el arte religioso, es decir, un arte que expresa un sentimiento religioso. Dentro, o mejor, en la cumbre del arte religioso encontramos finalmente el arte sacro. Aquí resulta iluminador citar la Constitución sobre la Sagrada liturgia Sacrosanctum Concilium del Concilio Vaticano II: “Entre las actividades más nobles del ingenio humano se cuentan, con razón, las bellas artes, principalmente el arte religioso y su cumbre, que es el arte sacro” (n. 122).
El arte sacro es la cumbre del arte religioso, o lo que es lo mismo, el arte religioso contiene al arte sacro y no a la inversa. Podríamos decir que entre la obra de arte religioso y la obra de arte sacro existe la misma relación que une y separa una poesía que habla de Dios y una oración: también la oración es bella, como la poesís, pero tiene una diferente identidad específica. El adjetivo “sacro” se atribuye de hecho al culto, a los ritos, a los lugares, precisamente, “sacris”, y de la misma forma al arte “sacro” y a sus obras. El arte religioso se convierte en “sacro” cuando está dirigido al culto sagrado, al rito sagrado, para que “sirva a los edificios y ritos sagrados con el debido honor y reverencia” (n. 123).
Por tanto el arte sacro es íntegra mente arte, pero encuentra su identidad en la sacralidad del rito al que está destinado y que la conforma por entero, de manera que una obra de arte sacro debe ser de forma auténtica una obra de arte, pero no es suficiente con que lo sea; debe de hecho estar íntima y completamente dirigida a la sacralidad, debe hacerse espejo de las verdades de la fe, debe hacerse celebración y liturgia. Esto impone una connotación peculiar de la propiaobra de arte, tanto que en los documentos magisteriales encontramos también las indicaciones para distinguir ulteriormente el arte sacro en “auténtica” y “no auténtica”. Este camino, que lleva hacia un arte no solo bello sino tambien bueno y verdadero, realista sin exageraciones, simbólico sin abstracciones, es tan importante que necesita un tratamiento aparte.

Written by Salvador Carbó

10 noviembre, 2010 at 9:36

Publicado en Fe, Música

La alabanza plena del salmo 150, significada por los instrumentos

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Himno final. Todo ser que alienta alabe al Señor

¡Aleluya!

Alabad al Señor en su templo,

alabadlo en su fuerte firmamento.

Alabadlo por sus obras magníficas,

alabadlo por su inmensa grandeza.

Alabadlo tocando trompetas,

alabadlo con arpas y citaras,

alabadlo con tambores y danzas,

alabadlo con trompas y flautas,

alabadlo con platillos sonoros,

alabadlo con platillos vibrantes.

Todo ser que alienta alabe al Señor.

. El himno que corona el libro de los salmos repite por diez veces (doce si incluimos las contenidas en los “aleluya” inicial y final) la invitación a alaba (doce si incluimos las contenidas en los “aleluya” inicial y final)r.

  • ¿A quién hay que alabar? A Dios.
  • ¿Dónde? En el templo y en el firmamento.
  • ¿Por qué? Por sus obras magníficas e inmensa grandeza.
  • ¿Cómo? Tocando y danzando.
  • ¿Cuándo? En toda circunstancia.
  • ¿Con qué? Con todos los instrumentos conocidos.
  • ¿Quiénes? Todos los seres que alientan.

Ojalá que las palabras que contienen este «libro de alabanzas» que es el Salterio (tal es su título en hebreo), nos ayuden a alabar, honrar, glorificar y reconocer el poder de Dios y de su Hijo, con todas las criaturas que hay en el cielo, en la tierra, bajo la tierra, en el mar y todo lo que hay en ellos.

La alabanza plena del salmo 150, significada por los instrumentos

Written by Salvador Carbó

15 septiembre, 2010 at 13:25

Publicado en Música

Música de piano para “niños”

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Schumann Kinderszenen Op 15

En 1838, Schumann compuso 30 breves piezas sobre sus recuerdos infantiles, de las que seleccionó trece. Con ellas formó su obra Kinderszenen (Escenas de niños). Fue en realidad el primero en escribir sobre este tema en el piano. En una carta escrita a su mujer Clara, antes de casarse, el compositor define estas miniaturas como su respuesta musical a las quejas de su prometida de que él se comportaba a veces como un niño. Las piezas son sencillas y fáciles de interpretar. En la misma carta, le dice al respecto: «Ya verás cómo te gusta tocar estas escenas infantiles, pero tendrás que olvidarte de que eres una virtuosa. Para tocarlas debes dejarte llevar por una gracia sencilla, natural y sin afectación alguna». Cada una de las piezas tiene un título pero, curiosamente y según confesaba el autor; el músico no elegía ese título hasta después de haber acabado de componer la pieza. Los hay poéticos y evocadores, juguetones, divertidos, ensoñadores, delicados… El conjunto es una obra de gran belleza, sencillez y encanto.

Tchaikovsky Album para los niños, Op 39

En una carta fechada el 30 de abril de 1878, escribía el compositor a su generosa mecenas y entusiasta admiradora, la multimillonaria, aunque sensible y refinada, madame Von Meck: «Tengo la intención de escribir un conjunto de piezas breves, de carácter sencillo y fácil, con títulos que puedan gustar a los niños, como hizo Schumann». Tchaikovsky se encontraba entonces en Kamenka, Ucrania, y compuso la obra entre mayo y agosto de aquel mismo año. Es evidente que el punto de partida para estas 24 partituras dedicadas a los niños fue Schumann, pero no sus famosas Escenas de niños, sino el Album para la Juventud, con las que guardan más afinidad. Tchaikovsky escribió piezas sencillas, pero no tanto como para que pudieran ser tocadas por meros príncipiantes en el teclado. Cada pieza está identificada, como se propuso el autor, con un título significativo que la música trata de describir o evocar. Algunos de los números están inspirados en melodías populares ucranianas, rusas, francesas e italianas, como por ejemplo «Canción rusa» (n° 11), «Canción italiana» (n° 15), «Canción napolitana» (n° 18 ), «Melodía antigua francesa» (n° 16) y «Canción popular» (n° 13), tema que ya había sido utilizado por Glinka en su Kamarinskaya. En ciertas ocasiones varias piezas están interrelacionadas, como las números 6, 7 y 9, en las que se cuenta la historia de una muñeca que enferma, su entierro y la llegada a la casa de una nueva muñeca. Otras piezas muestran el gran sentido rítmico del compositor, con recreación de danzas como el vals (n° 8 ), la mazurca (n° 10) o la polca (n° 14). En otros momentos del álbum se hace referencia a antiguos personajes del folclore ruso, como la bruja Babayaga (n° 20), se evocan cuentos contados por una anciana criada (n° 19 ) o bien se toma a los juguetes como protagonistas de la historia, como ocurre en la «Marcha de los soldaditos de plomo» (n° 5) o en la ya citada historia de las muñecas. En su conjunto estas piezas constituyen una excelente aportación al mundo del piano para los niños.

Debussy Children’s Corner

En 1905 nació la hija de Debussy, a quien su padre llamó cariñosamente Chou-Chou y para la que escribió al año siguiente una breve pieza infantil para piano titulada Serenata para una muñeca. En 1908 añadió otras cinco piezas inspiradas en el universo infantil de su adorada Chou-Chou, Children’s corner. El hecho de que el músico eligiera para esta partitura un título en inglés se debió a que la pequeña Chou-Chou tenía por entonces una institutriz inglesa que le enseñaba esa lengua. Las seis piezas fueron orquestadas en el año 1911 por André Caplet, amigo y admirador de Debussy que contaba con el pleno consentimiento del compositor. Se trata de seis breves páginas que reflejan el mundo de los juguetes y de las lecciones de piano de los niños, no exentas de cierta ironía y de una complejidad de ejecución que rebasan, con mucho, el nivel medio infantil. Cabe destacar la belleza sencilla y suavemente melancólica de «The little Shepherd», el ritmo de ragtime concedido a la vital «Solliwogg’s Cake-walk», la poética estampa «The Snow is Dancing», la serena atmósfera de «Jimbo’s Lullaby», la riqueza armónica de «Serenade for the doll» y la ingeniosa recreación de las sonatinas de Clementi en "Doctor gradus ad Parnasum".

Written by Salvador Carbó

28 agosto, 2010 at 2:48

Publicado en Música