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"siempre llenos de buen ánimo"

Archive for the ‘San Francisco de Borja’ Category

Obra de teatro “San Francisco de Borja”– primer acto (Salvador Carbó)

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Publicamos el Primer acto de la obra de teatro sobre la vida de San Francisco de Borja, escrita por Salvador Carbó Montaner.

Detallamos a continuación el índice de toda la obra:

Primer acto: Infancia y juventud

  • primera escena: nacimiento
  • segunda escena: en la Corte (casamiento)
  • tercera escena: muerte de la emperatriz Isabel

Segundo acto: Virreinato en Cataluña

  • primera escena: labor de gobierno en Barcelona
  • segunda escena: encuentro con los jesuitas
  • tercera escena: Francisco músico – notificación de la muerte de su padre

Tercer acto: Duque de Gandía

  • primera escena: vuelta a Gandía
  • segunda escena: muerte de Leonor
  • tercera escena: entrada en la Compañía

Cuarto acto: Jesuita. Comisario en España

  • primera escena: encuentro con Juana y muerte de Juana “la Loca”
  • segunda escena: encuentro con Carlos V
  • tercera escena: encuentro con Santa Teresa de Jesús

Quinto acto: General de la Compañía

  • primera escena: viaje a Roma – problemas con la Inquisición
  • segunda escena: elección como General
  • tercera escena: vuelta de España y muerte
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Written by Salvador Carbó

7 diciembre, 2011 at 13:19

Canto "Nunca más servir a señor que se pueda morir", sobre un texto de San Francisco de Borja

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Nunca  más servir a señor que se pueda morir - San Francisco de Borja

Texto de la acción de gracias: Oración de san Francisco de Borja completo.

Audio: Nunca más servir a señor que se pueda morir – San Francisco de Borja.mp3

Nota: la grabación es un poco rudimentaria.

Written by Salvador Carbó

19 noviembre, 2010 at 10:31

Reglas para andar adelante en la vía de Dios (escrito de San Francisco de Borja)

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Fecha incierta: 1551-1561. Texto en nieremberg, p. 496 (259-260). – Las obras, núm. 32.

(insertar imagen del crucifijo de San Francisco de Borja)

1ª. Ser pronto en la obediencia.
2ª. Tornar muchas veces a lo interior del corazón en continua memoria de Dios, en cuanto fuere posible.
3ª. Que las cosas corporales sean ejercitadas en continua memoria de Dios, en cuanto fuere posible.
4ª. Ser muerto a todas cosas, para vivir a solo Dios.

Written by Salvador Carbó

14 octubre, 2010 at 8:36

Avisos para leer la Sagrada Escritura (escrito de San Francisco de Borja)

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Fecha incierta: 1551-1561? – Texto en Nieremberg, pp. 487 (241-242). – Las obras, número 30.
Normas muy acertadas para hacer con fruto la lectio divina. La diferencia entre oración y lección es que "orando hablamos con Dios y leyendo Él habla con nos". El consejo principal es aplicar a la propia alma todo lo que se lee y como si fuese dicho para ella sola.
biblia-sagrada_2844_1280x960 El pisar y menospreciar las margaritas que el Señor nos dejó en su Escritura Sagrada está tan prohibido en ella, cuanto es alabado el reverenciar y acatarla con toda humildad, por no incurrir en malcaso, ni ser castigado de Dios, como lo es el pecador, a quien se dice: Quare tu enarras iustitias meas, et assumis testamentum meum per or tuum[1] etc. Por lo cual se debe tener gran cuidado. No menos diligencia habernos de hacer en examinar nuestra conciencia y quitar los polvos della, de la que hacemos para entrar en la oración. Pues la diferencia que hay della a la lición, es, que orando ha­blamos con Dios, y leyendo Él habla con nos, y para esto se notan los puntos siguientes:
  1. Después de haberme examinado por los cinco puntos, que aparte del examen se han dado[2], invocaré la gracia del Espíritu Santo, pues no menos de con su espíritu se puede entender lo que con su espíritu se dijo en la Sagrada Escritura.
  2. Leeré pocos renglones y a espacio, rumiando y considerando lo que leo, porque así lo requiere la gran­deza de los misterios que hay en lo que se lee.
  3. Notaré las reprensiones como si a mí se dijesen, para poner remedio en lo venidero. Con lo que leyere de la justicia divina refrenaré mis pasiones; mis triste­zas y aflicciones, con la misericordia; mi desconfianza, con la esperanza que la Escritura da a los siervos del Señor. Remediaré mis trabajos con el premio que re-promete. Encenderé la voluntad con el amor que el Señor muestra. Escarmentaré en los castigos. Seguiré los caminos que los santos siguieron, y finalmente todo lo leeré como si para mí solo se dijese.

  4. Cuando algo no entendiere, no seré escudriña­dor de la Majestad[3], pasaré adelante acatando el miste­rio que allí está encerrado, y espantarme he de lo mu­cho que entiendo, para lo poco que me aprovecho.

  5. Cuando alguna inteligencia o devoción me die­re el Señor, seré grato en reconocerla y diligente en obrar, porque no se convierta todo en daño.

  6. Cuando acabare la lición, resolveré lo que saqué della para ejercitarme en ello.

  7. Cuando se comienza la una lición, veráse la pa­sada, para confundirme en lo que hice y he dejado de hacer, porque así debo la confusión por mi descuido, como la debo por el beneficio recibido del Señor, por darlo a quien tan poco se lo merece; y desta manera sacaré provecho en lo uno y en lo otro, sacando de lo primero dolor y conocimiento propio, y de lo segundo hacimiento de gracias.


[1] “¿A qué viene recitar mis preceptos y ponerte a hablar de mi alianza?” (Sal 49, 16).
[2] No vemos dónde haya hablado Borja de estos cinco puntos del examen. Parece referirse a los cinco puntos que para el examen general de la conciencia se recomiendan en el libro de los Ejerccios, y son: agradecer a Dios los beneficios recibidos; pedirle luz para conocer las faltas; el examen propiamente dicho; dolor; pro­pósito para adelante.
[3] Cfr. Prov 25, 27.

Written by Salvador Carbó

19 noviembre, 2009 at 18:18

Publicado en San Francisco de Borja

Oración del duque de Gandía (escrito de San Francisco de Borja)

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Fecha: 1 de febrero de 1548. – Texto en Vázquez, Historia de la vida del P. Francisco de Borja, lib. I, cap. 33. ARSI, Vitae 80, folios 91v-93v. – Las obras, núm. 9.

El texto de esta oración lo conocernos por el P. Dio­nisio Vázquez, que lo insertó en la Vida del santo (l. I, cap. XXXIII) con el título que aquí le damos. Este ti­tulo nos indica el tiempo en que fue compuesta la ora­ción, es decir el día en que Borja hizo su profesión, que fue el 1 de febrero de 1548.

san francisco de borja

Oración del duque de Gandía cuando hizo profesión

Señor mío y todo mi refugio, ¿qué hallastes en mí para mirarme? ¿Qué vistes en mí para quererme en la Compañía de los vuestros? Porque, si conviene que ellos sean animosos, yo soy cobarde; si han de ser menospreciadores del mundo, yo estoy rodeado de sus respetos; si han de ser perseguidores de sí mismos, en mí hay mucho amor propio. Pues ¿qué hallastes en mí? ¿Hallastes, por ventura, que fui más animoso para contradecir vuestros mandamientos? ¿O que los menosprecié más que los otros? ¿O que aborrecí más vuestras cosas por querer más las mías? Si esto, Señor, buscáis, halládolo habéis; si tras esto andáis, recaudo tenéis. Domine ecce adsum mitie me.[1] ¡Oh piélago de inmensa sapiencia! ¡Oh grandeza de infinita potencia! ¡Cómo buscáis lo más flaco para mostrar en ello las riquezas de vuestra fortaleza! Con razón os alabarán los ángeles con admiración y este pecador con confusión, viendo que sobre fundamentos tan flacos queréis levantar vuestros edificios. ¡Oh alma mía!, considera esto con atención, porque si te dicen que esto te dan por satisfacción de tus pecados, no menos te debes ma­ravillar porque ahora eres captiva, entonces serás libre; agora posees poco y con dolor, después lo poseerás todo y con gozo; al fin, sales de la vida activa, desabrida, y entras en la dulce contemplativa. ¡Oh, Señor, qué cambios son los vuestros y qué cosa es tratar con Vos, y cómo es cosa de ver la satisfacción que queréis del pecador! Verdaderamente, Señor, vos sois el que fingís trabajo en lo que mandáis,[2] pues en lugar de penitencia regaláis, y por la abstinencia dais hartura. Pues si esto se ordena por satisfacción de los pasos que anduvistes por mí, y para que imitando vuestra pobreza y obediencia os siga, desto, Señor, me espanto mucho más; porque Vos, Señor, salistes de vuestra casa y heredad, y yo salgo de la ajena; Vos salistes del Padre sin dejarle para venir al mundo, y a mí hacéisme dejar el mundo para llevarme al Padre; Vos salistes para la pena, y yo salgo de ella. ¡Ay, Señor, qué salida la vuestra y qué salida la mía! Vos para ser preso y yo para escapar de las prisiones; Vos para la amargura y yo para el gozo; Vos para la tribulación y yo para la quietud. ¡Oh Señor! ¿Vos sois el Dios de las venganzas? Y ¿qué venganza es ésta? Cierto. Vos sois el Dios de las misericordias, pues tomastes la venganza en Vos por no tomarla ahora en mí y por regalarme en lugar de castigarme.

Pues ¿qué diré, Señor, a esta vuestra caridad? ¿Con qué responderé a vuestro amor? Fáltame el entendi­miento para entender y la lengua para decir; porque si algunos sintiendo de vuestra bondad os alaban, porque perdonárades a Judas si pidiera perdón, y si con razón se os deben por ello infinitas alabanzas, ¿cuántas os debo yo, pues siento y veo que, siendo otro Judas, no sólo me perdonáis, mas aún me llamáis, como si ninguna traición hubiese hecho en vuestra casa? Volveré a hablar a mi Dios, aunque sea polvo y ceniza.[3] Señor, ¿qué hallastes en mí? ¿Qué hallastes? Bendito seáis Vos para siempre, apiadaos de mí, toda mi esperanza; pues tenemos estos vuestros tesoros en vasos de tierra,[4] para que esto no venga a ser para mayor condenación mía; conozca la tierra su miseria; conozca el flaco su flaqueza, y dadme a entender cuan poco merece el vaso tener en sí tal licor, habiendo tan mal conservado el que hasta aquí habéis infundido en él. Pues, no soy yo sino disipador de vuestros bienes, téngame yo por otro Judas, pues soy otro traidor; confúndame yo con mis hermanos, pues he vendido a su Maestro por menos precio que Judas; tema de comer con ellos, pues comiendo vuestro pan me levanté contra Vos; tema de tratar su hacienda, pues tan mal recado he puesto en la vuestra; confúndase mi desobediencia, con la obediencia que vuestras criaturas os tienen. Y si aun ésta es pequeña confusión para con ellas y para los que moran en la tierra ¿cuál será la que debo tener con los que gozan en el cielo? ¿Cuánto debo confundirme en la presencia de los ángeles, habiendo dejado el estandarte de mi Rey de gloria? Y ¿con qué abatimiento debo pedir merced a vuestra bendita Madre, habiendo crucificado a su bendito Hijo en mí mismo? Pues delante vuestro acatamiento ¿qué dirá el gusano podrido y miserable, que no sabe sino apartarse de Vos? ¡Oh Señor! Alumbrad ya mi ceguedad, para que conociéndome os conozca, confundiéndome os alabe, humillándome os ensalce, y muriendo todo en mí viva yo todo a Vos. Y pues me sacáis por vuestra voluntad del estado de los ricos, de los cuales dijistes, que con dificultad se salvarían los que en él estuviesen,[5] hacedme merecedor por vuestro santo nombre, de lo que prometéis a los pobres, diciéndoles: Ciertamente que los que dejastes por mí todas las cosas y me seguistes, cuando en la regeneración se sentare el Hijo del hombre en el trono de la majestad, vosotros os sentaréis sobre las doce sillas a juzgar las tribus de Israel.[6]


[1] Cf. Is 6, 8.

[2] Sal 93, 20.

[3] Gen 18, 27.

[4] 2 Cor 4, 7.

[5] Mt 19, 23.

[6] Mt 19, 27.

Written by Salvador Carbó

28 octubre, 2009 at 10:41

Publicado en San Francisco de Borja

Modo de rezar el Rosario de Nuestra Señora (escrito de San Francisco de Borja)

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Fecha: 1539/1543. – Texto en Nieremberg, pp. 507-508 (285-288). – Las obras, núm. 1.
Este modo de rezar el santo Rosario es el que, según los biógrafos del Santo, empleaba Borja cuando era Virrey de Cataluña (1539-1543).
 
 
  
 
 
 
San Francisco de Borja ante el cadáver de la emperatriz Isabel, óleo de Mariano Salvador Maella (1739-1819), pintado en el año 1787. Vestido de caballero de la orden de Santiago, levanta el paño que cubre el rostro y las manos de la difunta y siente la llamada de Dios para abandonar las vanidades del mundo.
 


  

  
MODO DE REZAR EL ROSARIO DE NUESTRA SEÑORA, QUE TENÍA Y ENSEÑABA SAN FRANCISCO DE BORJA
CONTIENE LOS CINCO MISTERIOS, CINCO PARA CADA DÍA DE LA SEMANA: CINCO GOZOSOS, CINCO DOLOROSOS Y CINCO GLORIOSOS

 

Los gozosos son: Encarnación, Visitación, Nacimiento, Purificación, Niño perdido.
Los dolorosos: la oración del Huerto, los azotes a la columna, la coronación de espinas, la cruz a cuestas, la crucifixión.
Los gloriosos: la Resurrección, la Ascensión, la Venida del Espíritu Santo, la Asunción de Nuestra Señora, la Coronación sobre todos los coros.

Lunes los gozosos, martes los dolorosos, miércoles los gloriosos, jueves los gozosos, viernes y sábado los dolorosos .

El modo, pues, de rezarle es: lo primero, detenerse con la consideración un poco en cada uno de los misterios. Lo segundo, reconocer el beneficio de Dios en aquel misterio y darle gracias por él. Lo tercero, sacar de allí confusión de lo poco que del se hubiere aprovechado. Lo cuarto, pedir alguna merced, conforme al misterio, en esta forma:

Lunes y jueves son los misterios gozosos, que son: Encarnación, Visitación, Nacimiento, Purificación, Niño perdido.
En el misterio de la Encarnación: 1.° Reconocer el amor que trajo a Cristo nuestro Señor al mundo, y darle muchas gracias por él. 2.° Humillarse por lo poco que a Dios ha amado. 3.° Pedir amor de Dios y encendida caridad para con su Majestad y para con los prójimos.
En el misterio de la Visitación: 1.° Considerar el amor de la Santísima Virgen para con Santa Isabel. 2.° Confundirse de su poco amor para con los prójimos. 3.° Pedirle este amor con mucho afecto.
En el Nacimiento: 1.° Mirar la pobreza y desnudez del Hijo de Dios. 2.° Darle gracias y avergonzarse de verse con comodidades. 3.° Pedir amor de la santa pobreza.
En la Presentación del Niño Jesús o Purificación: 1.° Adorar la pureza y limpieza de la Santísima Virgen. 2.° Llorar lo que a mí me falta. 3.° Pedir perfecta castidad.
En el Niño perdido: 1.° Considerar la obediencia de Cristo a su Eterno Padre. 2.° Confundirse de no haber obedecido a la ley y mandamientos de Dios. 3.° Pedir obediencia perfecta y conformidad con la divina voluntad.

Martes, viernes y sábado los dolorosos, que son: la oración del Huerto, los azotes a la columna, la coronación de espinas, la cruz a cuestas, la crucifixión.
En la oración del Huerto: 1.° Reconocer su tibieza en la oración. 2.° Pedir el don de oración. 3.° Pedir resignación para recibir cualquier cáliz que su divina Majestad le enviare, por amargo que fuere.
En los azotes: 1.° Llorar su poca penitencia. 2.° Pedir ánimo y esfuerzo para castigar su carne.
En la Coronación de espinas: 1.° Dolerse de la ambición y estima que tiene de honras humanas. 2.° Pedir a Nuestro Señor desprecio dellas.
En la Cruz a cuestas: 1.° Considerar cuan áspera se nos hace a nosotros cualquiera tribulación. 2.° Pedir conformidad y alegría para llevar las que Dios nos enviare, aunque sean pesadas y duras.
En la Crucifixión: 1.° Darle mil gracias por tan grande merced con tal muerte por mí. 2.° Adorar aquella perseverancia en obedecer a su Eterno Padre. 3.° Llorar su poca perseverancia en los buenos deseos y pedirla a Nuestro Señor, para morir por su amor.

Domingo y miércoles los gloriosos, que son: la Resurrección, la Ascensión, la venida del Espíritu Santo, la Asunción y muerte de Nuestra Señora, la Coronación de la Madre de Dios sobre todos los coros angélicos.
En el misterio de la Resurrección: 1.° Cobraré esperanza de la mía. 2.° Confundirme de no haber yo resucitado a nueva y santa vida. 3.° Pedir renovación del hombre interior.
En la Ascensión: 1.° Gozarse de ver a Cristo donde merecía su santísima Humanidad. 2.° Llorar de verse tan terreno. 3.° Pedir el verle y gozarle para siempre, y que, de aquí adelante, su conversación y trato sea en el cielo.
En la venida del Espíritu Santo: 1.° Dar a la santa Iglesia el parabién de tal Huésped. 2.° Dolerse del poco aparejo que tiene en su alma para recibirle. 3.° Pedirle sus dones.
En la Asunción de la Santísima Virgen a los cielos por manos de los ángeles: 1.° Gozarse de tener allá tal Abogada. 2.° Pasarle de no haber sido muy más devoto suyo. 3.° Pedirla su intercesión para con su Hijo, para alcanzar con ella su gracia y salvación.
En la Coronación: 1.° Mirar cómo se corona la virtud en el cielo. 2.° Confundirse de verse tan indigno de ser allí coronado. 3.° Pedir a la Santísima Virgen, que ella le sea su Abogada para ir allá.

Written by Salvador Carbó

19 octubre, 2009 at 18:53

Publicado en San Francisco de Borja

Antes de empezar (escritos de San Francisco de Borja)

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z_francisco_borja1Con ocasión de la celebración del V aniversario del nacimiento de San Francisco de Borja, queremos también desde la Parroquia realizar algunas acciones orientadas a vivir de una forma nueva y santa el Jubileo de nuestro patrón. Una de entre las programadas es la que hoy se inicia: el acercamiento a la obra literaria del santo Duque.

Para este propósito no se aspira el realizar un análisis exhaustivo y total de su producción, sino el mostrar parte de sus escritos algunos de los cuales publicó él en vida, para así poder participar de las gracias que el Señor nos quiere ofrecer por su medio. El modo para hacerlo será el publicar pequeñas obras suyas o fragmentos de otras más extensas.

La producción literaria de San francisco de Borja es considerable, puesto que su labor como escritor se extiende a lo largo de toda su vida. Desde lo que solemos llamar su conversión hasta los últimos tiempos de su generalato, destacamos para nuestro interés por la abundancia de escritos referidos a los distintos estados en la vida (gobernantes, caballeros, casados, religiosos, etc.), el momento central que comprende sus renuncias a títulos, su ordenación de sacerdote, con el vestido público de la sotana: ¡qué escándalo resultó ver así al preferido del Emperador!…

imageEn cuanto a los temas por él tratados, es obvio que son un reflejo de su espiritualidad personal, insistiendo en los principios que para él son más fundamentales, explana aquellos sentimientos que a él más le mueven, recomienda aquella prácticas que le son familiares.

Por eso no es de extrañar que uno de sus temas preferidos sea el del conocimiento propio. Su primer biógrafo nos dice que el Santo dedicaba cada día dos horas al ejercicio del propio conocimiento. De hecho lo recomendaba a los otros, persuadido de que “la mayor fuerza que tenemos está en el conocimiento de nuestra flaqueza y miseria”. El objeto es profundizar en “el conocimiento de Dios y de nos” y así formar lo que llama “dos montones” –uno con los beneficios otorgados por Dios y el otro con la mala correspondencia por nuestra parte-.

De aquí brota espontánea lo que él llama la confusión, tema muy tratado y recomendado en multitud de escritos. No nace solamente del conocimiento de su propia precariedad y pobreza, sino además de una confrontación con los sufrimientos de Jesucristo, con el deseo de padecer con Él y por Él y aún de derramar por Él su sangre.

Otro de los temas más frecuentemente tratados por Borja es el de la oración. No solamente escribe un Tratado espiritual de la oración, sino que la trata siempre que la ocasión se presenta. Insiste en la necesidad de la oración, en la lucha contra los impedimentos que la estorban, en el modo de combatir las distracciones y los pensamientos inútiles, en el equilibrio entre el discurso y el afecto. Prefiere la oración mental sin dejar de recomendar la vocal, dándonos algunos métodos prácticos, como cuando nos enseña el modo de rezar, meditándolos, los misterios del santo Rosario. Otro aspecto característico suyo es lo que él llama la oración continua: “entrar en ti para buscar a Dios en ti”.

También trata otros temas tales como la contemplación de la Trinidad para la cual compone varios escritos, teniendo un papel preponderante Jesucristo, la puerta para entrar en la contemplación de la divinidad. Recomienda a todos “que cada día, siquiera un cuarto de hora en toda su vida ocupe en meditar la vida de Cristo”. Tuvo una especial devoción a la preciosísima sangre de Jesucristo y al Sagrado Corazón de Jesús.

Por último, queda reseñar el amor a la Eucaristía mostrado por el Santo, con varios escritos para su correcta y fructífera participación.

En conclusión, gran variedad de temas en varios escritos que tenemos intención de publicar periódicamente a lo largo del Año Santo que pronto vamos a celebrar.

Written by Salvador Carbó

23 septiembre, 2009 at 10:00