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Benedicto XVI: el arte nos ayuda a crecer en la relación con Dios

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CASTEL GANDOLFO, miércoles 31 de agosto de 2011 (ZENIT.org).- A continuación ofrecemos la catequesis que el Santo Padre Benedicto XVI ha dirigido a los fieles reunidos en la Audiencia General de los miércoles en el Palacio Apostólico de Castel Gandolfo. La catequesis de hoy, que pertenece al ciclo de la oración, se ha centrado en la relación entre el arte y la oración.

* * * * *
Queridos hermanos y hermanas,

en este periodo he recordado muchas veces la necesidad de todo cristiano de encontrar tiempo para Dios, a través de la oración, en medio de las muchas ocupaciones de nuestra jornada. El Señor mismo nos ofrece muchas ocasiones para que nos acordemos de Él. Hoy quisiera detenerme brevemente en uno de estos medios que nos pueden conducir a Dios y ser, también, una ayuda para encontrarnos con Él: es la vía de las expresiones artísticas, parte de esta “via pulchritudinis” -“vía de la belleza”- de la que he hablado tantas veces y que el hombre debería recuperar en su significado más profundo. Quizás os ha sucedido que ante una escultura, un cuadro, o algunos versos de poesía o una pieza musical, sentís una íntima emoción, una sensación de alegría, percibís claramente que frente a vosotros no hay solamente materia, un trozo de mármol o de bronce, un lienzo pintado, un conjunto de letras o un cúmulo de sonidos, sino algo más grande, algo que nos “habla”, capaz de tocar el corazón, de comunicar un mensaje, de elevar el ánimo. Una obra de arte es fruto de la capacidad creativa del ser humano, que se interroga ante la realidad visible, que intenta descubrir el sentido profundo y comunicarlo a través del lenguaje de las formas, de los colores, de los sonidos. El arte es capaz de expresar y hacer visible la necesidad del hombre de ir más allá de lo que se ve, manifiesta la sed y la búsqueda de lo infinito. Incluso es como una puerta abierta hacia el infinito, hacia una belleza y una verdad que van más allá de lo cotidiano. Y una obra de arte puede abrir los ojos de la mente y del corazón, empujándonos hacia lo alto.

Hay expresiones artísticas que son verdaderos caminos hacia Dios, la Belleza suprema, que incluso son una ayuda para crecer en la relación con Él, en la oración. Se trata de las obras que nacen de la fe y que la expresan. Un ejemplo lo tenemos cuando visitamos una catedral gótica: nos sentimos cautivados por las líneas verticales que se elevan hasta el cielo y que atraen nuestra mirada y nuestro espíritu, mientras que, a la vez, nos sentimos pequeños o también deseosos de plenitud… O cuando entramos en una iglesia románica: nos sentimos invitados de un modo espontáneo al recogimiento y a la oración. Percibimos que en estos espléndidos edificios se recoge la fe de generaciones. O bien, cuando escuchamos una pieza de música sacra que hace vibrar las cuerdas de nuestro corazón, nuestro ánimo se dilata y se siente impelido a dirigirse a Dios. Me viene a la memoria un concierto de música de Johann Sebastian Bach, en Munich, dirigido por Leonard Bernstein. Al final de la última pieza, una de las Cantatas, sentí, no razonando, sino en lo profundo del corazón, que lo que había escuchado me había transmitido verdad, verdad del sumo compositor que me empujaba a dar gracias a Dios. A mi lado estaba el obispo luterano de Munich y espontáneamente le dije: “Oyendo esto se entiende: es verdadera, es verdadera la fe tan fuerte y la belleza que expresa irresistiblemente la presencia de la verdad de Dios”. Cuántas veces cuadros o frescos, frutos de la fe del artista, con sus formas, con sus colores, con sus luces, nos empujan a dirigir el pensamiento hacia Dios y hacen crecer en nosotros el deseo de acudir a la fuente de toda belleza. Resulta profundamente cierto lo que escribió un gran artista, Marc Chagall, que los pintores han sumergido, durante siglos, sus pinceles en el alfabeto de colores que es la Biblia. ¡Cuántas veces las expresiones artísticas pueden ser ocasiones para acordarnos de Dios, para ayudar a nuestra oración o para convertir nuestro corazón! Paul Claudel, famoso poeta, dramaturgo y diplomático francés, al escuchar el canto del Magnificat durante la Misa de Navidad en la basílica de Notre Dame, París, en 1886, advirtió la presencia de Dios. No había entrado en la iglesia por motivos de fe, sino para encontrar argumentos contra los cristianos. Sin embargo la gracia de Dios actuó en su corazón.

Queridos amigos, os invito a redescubrir la importancia de este camino también para la oración, para nuestra relación viva con Dios. Las ciudades y los países de todo el mundo contienen tesoros de arte que expresan la fe y nos recuerdan la relación con Dios. Que la visita a lugares de arte no sea sólo ocasión de enriquecimiento cultural, sino que se pueda convertir en un momento de gracia, de estímulo para reforzar nuestro vínculo y nuestro diálogo con el Señor, para detenerse a contemplar -en la transición de la simple realidad exterior a la realidad más profunda que expresa- el rayo de belleza que nos golpea, que casi nos “hiere” y que nos invita a elevarnos hacia Dios. Termino con una oración de un Salmo, el Salmo 27: “Una sola cosa he pedido al Señor,y esto es lo que quiero:

vivir en la Casa del Señor todos los días de mi vida, para gozar de la dulzura del Señor y contemplar su Templo” (v.4).Esperemos que el Señor nos ayude a contemplar su belleza, ya sea en la naturaleza o en las obras de arte, para ser tocados por la luz de su rostro y así poder ser nosotros luz para nuestro prójimo. Gracias.

[En español dijo:]

Saludo cordialmente a los peregrinos de lengua española, en particular a los universitarios de la Arquidiócesis de Rosario, a los grupos venidos de Santiago de Chile, así como a los demás fieles provenientes de España, Guatemala, Argentina y otros países latinoamericanos. Invito a todos a llegar a Dios, Belleza suma, a través de la contemplación de las obras de arte. Que éstas no sólo sirvan para incrementar la cultura, sino también para promover el diálogo con el Creador de todo bien. Que el Señor os acompañe siempre.

[Traducción del original italiano por Carmen Álvarez

©Libreria Editrice Vaticana]

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Written by Salvador Carbó

1 septiembre, 2011 at 16:23

Publicado en Arte, Fe

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“Es posible hablar sobre belleza con el arte actual”

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Entrevista al pintor español de arte contemporáneo David López

VALENCIA, jueves 28 de julio de 2011 (ZENIT.org).- El pasado viernes 15 de julio, en el Palacio de la Musica de Valencia, se clausuraba una exposición que ha estado varios meses abierta al público, del pintor español David López.

Una obra de esta exposición integrará la muestra de arte contemporáneo Arte+Fe, que se inaugurará el próximo 10 de agosto dentro de los actos previstos para la JMJ Madrid 2011 (ver www.zenit.org/article-40041?l=spanish). Después de ello, la muestra irá al National Museum of Catholic Art de Washington (EE.UU.)

Precisamente, la clausura de la exposición en Valencia se llevó a cabo mediante una especie de “Atrio de los Gentiles” del arte, en el que participaron un músico y una poetisa. López cree que es necesario que el cristianismo sea capaz de dialogar con el arte actual.

David López (Valencia, 1972) ha expuesto hasta ahora en Valencia, Madrid, París y Nueva York, en exposiciones tanto individuales como colectivas. Es asesor cultural del Instituto Cervantes de París. Es también uno de los colaboradores del pintor e iniciador del Camino Neocatecumenal, Kiko Argüello, en la realización de pinturas murales de iconos.

Su obra no es – ni pretende ser – arte sacro. No obstante, quiere ser una reflexión sobre la posibilidad de dialogar con la fe, como él mismo explica en esta entrevista concedida a ZENIT.

– ¿Es posible que el arte contemporáneo entre en diálogo con el pensamiento cristiano? ¿Cómo puede hacerlo?

David López: No sólo es posible, sino que es necesario. La filosofía y la antropología que la acompaña se traducen en cultura. Nietzsche tiene una consecuencia cultural, que es el arte de Duchamp. Cuando Nietzsche moría, estaba naciendo Duchamp como artista: Nietzsche dijo “Dios no existe”, y treinta años después, su “hijo” cultural diría: “la belleza no existe”.

Cito a Duchamp porque es el padre de todo el arte contemporáneo. No existe la belleza porque no existe Dios. Él hace un acto irónico, que es coger un urinario y ponerlo como obra suya en una sala de exposiciones.

Lo llaman irónico… para mí es incluso un acto violento. Cuando desaparece Dios desaparece la fe, desaparece el sentido del sufrimiento… Duchamp vivió entre dos guerras mundiales, en un periodo de escepticismo. Si no existe Dios, ¿cómo podemos hablar de algo tan absurdo como la belleza? Desde entonces, el arte toma este camino.

De hecho, hoy hablar de la belleza es algo que no tiene mucho sentido. Pero es una cuestión que yo quiero volver a proponer como valor. Se han escrito cientos de cosas sobre la belleza, de hecho mi intención no es proponer algo nuevo, sino actualizar algo que siempre ha estado, porque ya no está.

Como cristiano, en mi obra esta siempre esto, porque lo que uno vive es lo que refleja, haga un pájaro o haga un limón. En este sentido, mi reciente exposición de Valencia iba un poco más allá, pues cogí un motivo antropológicamente cristiano, para hablar de la existencia de Dios, de la existencia de la belleza, de la existencia del sentido.

La gente se acerca a un paisaje, contempla un paisaje, y le gusta, siente un placer estético, un placer que está ligado al amor. Y ya está, no tiene porqué profundizar más. En lo que conforma esa experiencia estética, hay una matemática, pero el espectador no necesita entenderla. Uno no necesita entender científicamente una naranja para disfrutar de ella, aunque haya una explicación científica: la combinación de azúcares con aminoácidos etc.

Cuando hay algo bello, hay una matemática, una relación entre materiales, texturas, etc. y eso conforma la belleza. La mayor parte de las personas la disfruta, pero los artistas son capaces de acercarse intuitivamente a la relación que hay detrás de esa belleza: las materias se dan valor mutuamente porque están en relación.

Los artistas lo traducimos en obras, materiales, texturas, colores… por ejemplo, una curva necesita una recta, una mancha necesita una línea, un color plano necesita un color deshecho… estas son las herramientas con las que se recrea la belleza, sea en pintura como en música, donde el sonido necesita del silencio.

Esto forma parte de la experiencia existencial del hombre, y tiene que ver con la bendición: quien nunca haya experimentado el frío, no sabe lo que es el calor. Si nunca hubiéramos pasado frío, nunca podríamos bendecir por tener una chimenea, si nunca hemos pasado hambre, no podríamos bendecir por comer un buen cordero de Segovia… Todo está en relación, y contribuye a darse valor mutuamente.

Los artistas traducimos esta relación que hay en la materia en formas y colores; eso es un cuadro. Y ese cuadro tiene que ser bello en su relación de materias, sea una Virgen, un burro, o no sea nada. Este es el primer nivel del arte.

En mi caso, además, me interesa darle un contenido, y este sería un segundo nivel. Esas formas que tienen que “funcionar” entre sí y ser bellas, además tienen que tener un contenido. Porque el arte no es sólo relación entre materias, sino que es relación entre personas, es comunicación.

Este es otro aspecto que la postmodernidad ha quebrantado, al exaltar el individualismo. Muchos artistas, si les preguntas el significado de su obra, niegan que lo tenga, sino que pintan para sí mismos, se cierran al diálogo, “no quieren decir nada”.

Hay un tercer nivel del arte, y es el de relación espiritual. El arte siempre ha sido espiritual, ha expresado relación con lo divino, lo que no hay que confundir con el arte propiamente sacro. Desde Altamira hasta el siglo XX, el arte siempre ha expresado lo espiritual; es precisamente en el siglo XX cuando aparece, por primera vez en la historia, la sociedad “atea”.

Siempre ha habido personas no creyentes, pero éste nunca había sido un planteamiento de la propia sociedad. El arte, como dijo Juan Pablo II a los artistas, es “nostalgia de Dios”.

Por eso, para un humanista ateo de hoy, el concepto “belleza” no tiene sentido… y tienen razón, porque en este siglo, la belleza se ha banalizado, se ha convertido en un artículo económico. La belleza se ha utilizado para sublimar la realidad, pero no para trascenderla. Sublimar supone cambiar la realidad, “hacer Photoshop”; trascender la realidad es saber ver a través de ella.

– ¿El problema sería entonces llegar a un concepto universalmente aceptado de belleza?

David López: Ese es el punto, en efecto. En un libro reciente, Umberto Eco escribe: “Dios ha muerto, la belleza ha dejado de existir, la historia ha terminado”. Al desaparecer Dios, desaparece un concepto universal de la belleza, que es uno de sus atributos. Con el relativismo y el subjetivismo, ya no hay cabida para lo universal.

En mi exposición puse una cita del cineasta ruso Tarkowsky, uno de los grandes de esta época, que dice: “Una imagen es una impresión de la verdad, a la que dirigir la mirada de nuestros ciegos ojos”. Hubo alguno que al leerla se molestó: la verdad, qué es la verdad, qué se cree este…

Hay otra cuestión, yo en mi obra intento poner en relación lo universal con lo particular, porque en lo particular, en lo cotidiano, están los universales más importantes, como el amor.

– ¿Puede que un artista no crea que existe la belleza porque no tiene experiencia personal de ella? Es decir, ¿es posible que un siglo XX tan violento y duro como hemos vivido haya influido en el arte?

David López: Cuidado, esto no es del todo así. El artista tiene una intuición de la belleza, aunque no haya oído nunca hablar de Dios o no crea en él. Pero indudablemente el arte contemporáneo es fruto del siglo XX, y expresa la antropología que éste ha producido.

Es el caso de Duchamp y del mundo de entreguerras y posguerra en el que vivió. Después de él, vienen dos artistas, que junto con Duchamp forman la “trinidad” del arte contemporáneo: Joseph Beuys y Andy Warhol. Ambos expresan esta antropología: para Andy Warhol, el arte es dinero, sin tapujos; para Beuys, el arte es melancolía, soledad del artista consigo mismo.

Respecto a su pregunta, tengo un amigo pintor, Juan Olivares, que para mí es uno de los mejores, por lo menos de España. Es un pintor que tiene experiencia de belleza, porque sus cuadros son de una verdadera belleza. Es arte abstracto, pero utiliza una combinación de materiales que expresa una intuición de algo que hay en la naturaleza. Si hablas con él, puede que no sepa expresarlo con palabras, pero lo ha entendido, porque si no no podría pintar así.

– Entonces, un artista necesita tener una “revelación” personal sobre lo que es bello, aunque no sepa conectarlo con una belleza universal, pero que es su “manera particular” de buscarla…

David López: Eso es, en efecto. De hecho, una de las series de mi última exposición en Valencia se llama “arte es revelación”. De hecho, reconocer que el arte es una revelación supone un acto de humildad: no es una “genialidad” de uno, sino que es algo que se nos ha revelado, que se nos ha confiado.

Otro caballo de batalla es la dicotomía entre originalidad y tradición. Hoy hay una idolatría de la originalidad, de una originalidad mal entendida. La originalidad viene de nuestro mismo ser persona, única e irrepetible. La originalidad aparece cuando uno se sincera, se muestra a sí mismo.

– Esta pérdida del sentido universal de belleza, ¿puede haber afectado también al arte sacro?

David López: La fe es verdaderamente acogida cuando se transforma en cultura, han dicho los dos últimos Papas. Esto es profundísimo: si tu evangelizas a una persona, ¿cómo sabes si esa evangelización ha “tomado cuerpo” en ella? Sólo es visible si se ha transformado en cultura, en forma de vivir. Según se cree, así se vive.

En algunos lugares de la Iglesia hay hoy un eclecticismo en el arte, una huida de la tradición. Cabría preguntarse si esto no refleja una crisis de fe mucho más profunda.

Hay que señalar otro aspecto: el Occidente cristiano ahora está viviendo un proceso de acercamiento al Oriente, y esto va a ir a más, a mucho más. El día que estemos más próximos, empezaremos a “beber” muchas cosas de Oriente que nos van a ayudar muchísimo. Por ejemplo, la importancia que ellos dan a la belleza.

– Una curiosidad respecto a su obra, que llama mucho la atención, ¿por qué utiliza tanto el blanco? Blancos puros, crema, blancos rotos, opacos o transparentes, de diferentes texturas… y los negros no son sólidos, no son consistentes ni definidos.

David López: Es importantísimo

– ¿Por qué?

David López: No lo sé, es una intuición mía, pero es muy importante. Nunca lo he articulado de forma lógica… es una pregunta difícil de contestar.

Voy a hacer una confesión: a mi, la película que más miedo me ha dado, la vi a los 7 años, es la Guerra de las Galaxias. Cuando empieza la película, el ataque a la nave, la puerta explota y entran los malos… ¡vestidos de blanco! El blanco no podía ser para mí el color del mal… Aquello me aterrorizó, aún recuerdo el miedo que pasé.

En realidad, el blanco es un color que se utiliza mucho en el arte conceptual, porque es un color neutro, que permite centrar la atención en lo que se quiere expresar. En mi caso, en el caso de mi obra… De alguna manera, el blanco está ligado a las cosas verdaderas.

– Al concluir la exposición de Valencia, se hizo una especie de “Atrio de los Gentiles” artístico. Explíquelo un poco.

David López: La preocupación del Papa por crear un “Atrio de los Gentiles” es una intuición que algunos artistas habíamos compartido. En realidad, es algo que hacía ya san Felipe Neri: a la gente que no iba a entrar en la Iglesia a escuchar una predicación, por dificultad, prejuicios o lo que sea, ¿cómo entrar en diálogo con ellos?

Neri se dio cuenta de que la cultura era un vehículo importante para el diálogo, porque hay verdades comunes que nos son comunes a muchos – la verdad, la bondad, la belleza – y hay que buscar lo que nos une y no lo que nos desune. Entonces, organizaba tardes de conciertos, que eran seguidos de tertulias. En ellas participaba uno de los grandes músicos de la época, Palestrina.

En la JMJ, entre los artistas que participamos en la exposición de arte contemporáneo hay católicos, protestantes y ortodoxos, pero indudablemente va a ser un punto de encuentro con la modernidad.

Mi aportación, una obra de la serie Nowa Huta, es un gran Cristo. El lenguaje es contemporáneo. Una persona no creyente que entre a verla reconocerá el lenguaje, aunque pueda no conocer el contenido. Pero también hay personas entre los cristianos que nunca irían a una exposición de arte contemporáneo, porque no entienden este lenguaje, pero que sí reconoce el contenido.

El lenguaje del arte contemporáneo es muy interesante y tiene muchas posibilidades. Mi obra quiere, en este sentido, ser un puente.

¿Por qué Nowa Huta? Es famoso el proyecto comunista en Polonia de hacer una ciudad sin Dios, la ciudad moderna del futuro. A los pocos meses de vivir allí, los habitantes empiezan a levantar una cruz en el sitio donde se reúnen a rezar. Por la noche rezaban, por el día las autoridades les derribaban la cruz. Así estuvieron años, poniendo la cruz que al día siguiendo les derribaban.

– De hecho, según el cardenal Cordes, nació allí el concepto de “nueva evangelización” del papa Juan Pablo II (n.d.r., ver www.zenit.org/article-39534?l=spanish) .

David López: [Muy sorprendido] ¡No lo sabía! Hace dos años estuve allí, en Nowa Huta. Quería ir a verlo. Es muy impresionante.

Volviendo a nuestro pequeño “Atrio” artístico de Valencia, vino una poetisa cubana exiliada en España a ver la exposición, y propuso escribir unos textos – bellísimos, por cierto – sobre el arte como relación. Un amigo mío músico compuso una obra con el mismo tema. Se celebró el día de la clausura, el 15 de julio. Una experiencia muy positiva, muy hermosa.

Por Inma Álvarez

Written by Salvador Carbó

29 julio, 2011 at 16:47

Arte + Fe, una muestra de artistas cristianos contemporáneos

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Entre las mejores ofertas culturales de la Jornada Mundial de la Juventud

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MADRID, jueves 28 de julio de 2011 (ZENIT.org).- La exposición Arte+Fe de la Fundación Pons en Madrid ofrece obras de todos los continentes de artistas cristianos contemporáneos con un fuerte contenido cristiano. Se proponen que el arte sea vehículo hacia la fe. La muestra se inscribe en los actos de la Jornada Mundial de la Juventud.

“Lo rompedor y lo profundo no está reñido –dicen los organizadores–. Tampoco el arte contemporáneo y la fe”. Lo ponen de relieve las 36 obras (instalaciones, performances, cuadros, fotografías) de la exposición Arte + Fe, procedentes de los cinco continentes (Estados Unidos, Japón, Holanda, Liberia o Filipinas).

La exposición Arte + Fe reunirá en la Fundación Pons, con motivo de la Jornada Mundial de la Juventud (JMJ), las obras de artistas contemporáneos cristianos cuya meta común es que el arte sirva como puente a la fe. La muestra podrá verse del 9 al 26 de agosto, en la sede de la Fundación Pons.

“Es la primera vez en Europa que se organiza una exposición internacional con artistas vanguardistas y comprometidos con su fe cristiana ya sea católica, ortodoxa o protestante. El pensamiento moderno vive de una desconfianza general. Esta exposición pretende ser un arte que construye, esperanzador”, explicó María Tarruella, comisaria de la exposición.

La muestra cuenta con la colaboración del National Museum of Catholic Art de Washington DC, a donde la exposición se trasladará después de la JMJ.

Tarruella destacó que esta exposición evidencia que “el sentido religioso no es algo de ayer, sino inherente al ser humano, que se expresa a través de los lenguajes artísticos de cada época. Las obras seleccionadas van desde lo más conceptual a otras con un punto de referencia más clásico”.

Este es el caso de la obra del holandés William Zijlstra que, en su obra Agnus Dei, hace una reinterpretación de la obra homónima de Zurbarán. Esta vez el cordero es inmolado en un altar moderno, hecho con periódicos con la noticia “El hombre es capaz de cualquier horror”, un artículo sobre el Holocausto. Lo inexplicable desde el punto de vista humano, como la crucifixión de Cristo o el sufrimiento del siglo XX, tiene sentido a la luz de la fe.

Dios y el hombre no tienen por qué ser lejanos. Así lo piensan muchos de estos artistas, como el castellonense Alejandro Mañas que utiliza tres botellas de Coca Cola esmaltadas para hablar de santa Teresa, san Juan de la Cruz y san Sebastián.

Aparentemente parecidas, estas botellas son como nosotros: “Nuestra forma exterior es siempre la misma pero dependiendo de cómo vivamos en nuestro interior, vestimos el exterior”, explica el artista.

“Cada gesto cotidiano tiene un significado más profundo que trasciende su lado más funcional”, dice David López de su obra Nowa Huta, en la que se ve la silueta de Cristo crucificado con imágenes cotidianas en su interior.

Lo participativo también tiene cabida en esta exposición. La obra Las lágrimas de María Magdalena, de la sevillana Adriana Torres de Silva, una instalación realizada con cabello que cuelga sobre una pintura cubierta de agua, y que invita al visitante a descubrirla retirando el pelo al mismo tiempo que huele el perfume que está derramado en el agua.

Otra de ellas es la instalación realizada por el filipino Jason Dy, artista y sacerdote jesuita, cuya obra está formada por botellas de cristal con recuerdos de seres queridos difuntos. Los visitantes que lo deseen podrán rellenar las botellas con un recuerdo para sus seres queridos ausentes, como si de una carta a ellos y a Dios se tratase.

Belleza desde la cárcel

Todas estas obras salen de la creatividad de artistas muchas veces marcados por experiencias muy fuertes de descubrimiento de la fe. Es el caso de Eugene Perry, africano encarcelado por robo: en su situación de preso, descubre el amor de Dios y encuentra la inspiración para su obra Amor protector, hecha con metal reciclado. Ahora es un cotizado artista en Estados Unidos.

A las cárceles alude también la obra de Sarai Aser, artista chilena afincada en Rotterdam. Su obra Virginidad pretende mostrar el mensaje que ofrece a las mujeres de las cárceles con las que trata: la oportunidad de recomenzar frente a situaciones de marcado sufrimiento por la prostitución, u otros motivos relacionados con la sexualidad.

La exposición Arte + Fe es una de las trescientas actividades de la programación cultural de la Jornada Mundial. Es una de las tres exposiciones de arte principales, junto al itinerario en el Museo del Prado Los rostros de Cristo, y la exposición del Museo Thyssen Encuentros.

La entrada es gratuita y se encuentra en la calle Serrano, 138. La inauguración oficial será el día 10 de agosto.

Written by Salvador Carbó

29 julio, 2011 at 16:42

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Concierto poético-musical en el Palau de la Música con ocasión de la clausura de la exposición "art is relation" de David López

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Written by Salvador Carbó

16 julio, 2011 at 17:37

Una especial muestra artística en el atrio del Aula Pablo VI

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Homenaje de los artistas al Papa

ROMA, martes 5 de julio de 2011 (ZENIT.org).- Benedicto XVI inauguró ayer en el Vaticano la esposición “El esplendor de la verdad” un homenaje de sesenta artistas por sus 60 de ordenación sacerdotal. La muestra permanecerá abierta desde hoy, 5 de julio, hasta el 4 de septiembre próximo, en el atrio del Aula Pablo VI.

En un espacio de unos mil metros cuadrados, el visitador encuentra obras de arte de sesenta artistas, relacionados a la misma cantidad de años del sacerdocio del Papa, sin un itinerario temático, sino en un seguirse de exposiciones y por lo tanto de sorpresas.

Son obras de arte que cubren las más variadas disciplinas: escultura, fotografía, literatura, arquitectura, dibujo, poesía, música, pintura, plástica y otros. Elaborados con materiales y técnicas diversas pero todos con aquella particularidad – no siempre común – que hace al arte digno de dicho nombre.

Entre los expositores diversos artistas españoles como Pedro Cano, Valentín Miserachs, Sidival Fila, Santiago Calatrava. Además estaban dos mexicanos: Leandro Espinosa y Gustavo Arceves, y el arquitecto brasileño Oscar Niemeyer

Entre los muchos italianos, la artista y directora emérita de la Escuela del Arte de la Medalla, Laura Cretara, realizó por ejemplo un bajorelieve en material color marfil: las estrellas confluyen hacia Jesús en la cruz pero ya resucitado, se transforman en un lienzo con el cual el samaritano ayuda a un necesitado.

“Estoy convencida – declaró a ZENIT la profesora – que los símbolos tienen la capacidad de hablar a los demás”. Y consideró que “este modo de abrirse a los artistas y hacerles trabajar reabre un diálogo importante para la Iglesia”.

El artista mexicano Gustavo Arceves consideró que "todo lo que sea levantar un dique contra la barbarie está bien”. El mismo creó con “corián lúcido” un mix de resina y aluminio, una representación de la Resurrección, una gran lápida blanca en la cual se rompe el lienzo y aparece parte del pie de Cristo, cuya herida del clavo es la medalla de San Benedicto, en honor del actual pontífice.

Entre los pintores, Pedro Cano, con un acuarela representó a un peregrino que entra en la Roma Eterna por uno de sus ingresos, la “Porta Maggiore”.

La familia Mortet, plateros y cinceladores desde hace cinco generaciones, crearon un sello timbre para Benedicto XVI. Esta familia de artesanos además realizó diversos cursos en Boliva, Ecuador y Perú, abriendo talleres y enseñando este oficio.

El escultor japonés Kengiro Azuma, que durante la Segunda Guerra Mundial fue kamikaze, presentó su escultura con una enorme gota de bronce; el artista africano Anatsui realizó una tela con tapas de botellas. Además de grandes obras, como la de Santiago Calatrava y su proyecto en gótico moderno atento a las exigencias ambientales para concluir la iglesia San Juan el Divino, en Nueva York.

No faltó la música con compositores de la estatura del maestro de la Capilla Sixtina, Bartolucci y Miserachs de la Capilla Liberiana, además del italiano Ennio Morricone con una composición escrita en forma de cruz en una partitura.

Al concluir su discurso el Papa saludó personalmente a todos los artistas y visitó cada una de las 60 obras expuestas: “El mundo necesita que la verdad resplandezca y no sea ofuscada por la mentira o la banalidad”.

Y que “el Espíritu Santo, artífice de cada belleza que existe en el mundo os ilumine siempre hacia la belleza última y definitiva, aquella que enciende nuestra mente y nuestro corazón y que esperamos poder contemplar un día en todo su esplendor”:

Written by Salvador Carbó

6 julio, 2011 at 8:41

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¿Quién es artista?

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Por Rodolfo Papa*
ROMA, martes 12 de octubre de 2010 (ZENIT.org).- ¿Qué quiere decir “ser artista”? ¿Quién es artista? En el mundo contemporáneo ha surgido la opinión de que la de artista no es una condición particular, sino que todo el mundo es un artista, ya que no sirven talentos ni formación, sino que el único ingrediente necesario sería la creatividad libre de todo esquema. En las biografías de muchos artistas del siglo XX, surgen también hábitos desordenados, actitudes excéntricas, comportamientos autodestructivos, hasta tal punto que pareciera que ese tipo de vida fuera un ingrediente necesario para reconocer al verdadero artista, ya sea un pintor, un escultor, un músico o un poeta.

Pero más allá de estas posiciones, evidentemente poco consistentes, permanece la pregunta: ¿quién es el artista? A ello podemos añadir una pregunta posterior, fundamental para nuestras reflexiones: ¿quién es el artista cristiano? En el arte cristiano, o en el arte que está al servicio de la Iglesia y que durante siglos ha sido capaz de anunciar a Cristo y alzar un himno de alabanza a Dios a través de inestimables obras, ¿hay reglas o principios que identifican la identidad profesional, moral y espiritual del artista?

Podemos encontrar una ayuda para nuestra reflexión en el Libro di pittura [Libro de pintura, n.d.t.] escrito por Cennino Cennini a finales del siglo XIV; éste injerta la historia del nacimiento del arte en los acontecimientos de la creación narrados en el libro del Génesis, y establece una reflexión de la práctica artística de tipo moral: el arte no se consigue con sed de lucro, ni por vanagloria, sino con una humildad y una perseverancia tales como para soportar todo sacrificio necesario para aprender todas las reglas y poner en práctica todos los principios.

Puede encontrarse más ayuda a la reflexión en el Libro di pittura [Libro de pintura, n.d.t.] de Leonardo da Vinci, o en la recopilación póstuma de sus apuntes y de sus estudios realizada por el alumno Francesco Melzi y de la que tenemos una copia en el Codice Urbinate 1270 conservado en la Biblioteca Vaticana, del que Carlo Pedretti proporcionó una edición crítica en 1995. Leonardo indica al artista un camino de formación técnico y moral, en el que tienen una función fundamental las reglas y los principios llevados a la práctica hasta convertirse en virtud. Las certezas de Cennini y de Leonardo se apoyaban en una sólida tradición, que no ponía en duda la importancia de las reglas de formación. En la antigüedad, podemos encontrar ejemplos notables de ello en Vitruvio y Plinio, pero también en Columela en lo que se refiere al arte de la agricultura. Se trata de una tradición que, con innovaciones y replanteamientos, llega hasta el siglo XX, atestiguada por innumerables tratados.

De esta tradición podemos extraer la importancia del binomio arte y normas, y sobre todo podemos comprender lo liberador que resulta realmente ese enfoque para la creatividad del artista. En la larga historia de las artes, las normas han desempañado la importante función de formar a los artistas, de hacer crecer sin oprimir, de soltar sin atar.

Las normas trazan un recorrido, haciendo accesible una técnica que puede convertirse en la base de la acción, la condición de posibilidad para el crecimiento. Hoy, logramos entender la importancia de la técnica y de sus normas sólo en ámbitos muy restringidos; un ejemplo muy divulgativo se refiere al mundo del deporte: en el atletismo, el buceo, el ski, el fútbol,… la buena ejecución lo es porque es también un gesto técnico. De hecho, sin una adecuada preparación técnica, no se puede practicar ningún deporte.

En el ámbito de las artes los ejemplos se hacen más difíciles. En la música sigue siendo más evidente la necesidad de poseer el lenguaje y su técnica; en el ámbito de la pintura, en cambio, las reglas del mercado han tomado la delantera, ayudadas por los críticos que teorizan que el arte no debe tener más vínculos ni principios que los -imperantes pero no especificados- del mismo mercado. Así es como la tan reclamada libertad del artista de toda norma se traduce a menudo de manera paradójica en dependencias de tipo no-artístico, como el alcohol, las drogas u otras relaciones que coartan radicalmente la libertad de la persona, ofuscando la razón. Por otra parte, las teorías artísticas que destacan con una cierta obsesiva recurrencia que el artista es un ser inadaptado y solitario, acaban casi por prescribir el malestar psíquico y existencial como un requisito fundamental. Así, el arte que debe dar la felicidad se convierte en un laberinto de dolor, totalmente atravesado por el ansia de éxito. De esta manera, a la figura del artista se superpone la de Fausto dispuesto a hacer pactos con el Diablo, o la de Prometeo, que desafía a los dioses para robarles el fuego.

El centro del recorrido creativo del artista, en un contexto así, es el mismo artista. En un total egoísmo, el arte expresa el yo del artista y nada más. Si lo pensamos bien, en cambio, comprendemos que el artista, para serlo, debe poseer las reglas de su oficio, y que el presupuesto para romperlas y superarlas es conocerlas con precisión. Además, el malestar y la perversión no se le piden al artista en cuanto tal, sino sólo al artista tal y como es teorizado por algunos críticos y por algunos comerciantes contemporáneos.

Si estas observaciones valen para el artista en general, todavía más para el artista cristiano. ¿Se puede hablar de Cristo a partir de estas posiciones teóricas y llegar a las cumbres del arte sacro cristiano? ¿Puede el artista que trabaja para la Iglesia ser identificado con el libertinaje, la ignorancia de su oficio, el narcisismo? No estamos hablando de un juicio sobre la vida del artista, porque esto no debería interesar al historiador ni al teórico del arte, sino que estamos reflexionando precisamente sobre las obras de arte, sobre la posibilidad de que sin una formación técnica y artística, y sin virtudes cultivadas, se puedan producir obras bellas adaptadas a la oración y a la liturgia.

Además, añado una consideración más importante, y es que para trabajar para Cristo, a todo nivel y en todo ámbito, es necesaria una adhesión al mismo Cristo. Con mucha claridad, Joseph Ratzinger explica que la sacralidad de la imagen implica la vida interior del artista, su encuentro con el Señor: “La sacralidad de la imagen consiste precisamente en el hecho de que ésta deriva de una visión interior y así conduce a una visión interior. Debe ser fruto de una contemplación interior, de un encuentro creyente con la nueva realidad del Resucitado y, de esta manera, debe introducir nuevamente en una mirada interior, en el encuentro orante con el Señor” (Joseph Ratzinger, Teologia della liturgia [Teología de la liturgia, n.d.t.] Libreria Editrice Vaticana, Ciudad del Vaticano 2010, p. 131). Añade también que “la dimensión eclesial es esencial en el arte sacro” (ibid.), destacando que el artista cristiano no puede vivir fuera de la Iglesia misma.

Jesús en el Evangelio de Lucas nos advierte: “donde esté vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón” (Lc 12,34). Si nuestro tesoro no es Cristo, sino que somos nosotros mismos, nuestros vicios, el éxito, entonces no se tiene el corazón apto para la producción de obras de arte sacro. Todavía nos enseña Jesús que “ningún criado puede servir a dos señores (···).

* Rodolfo Papa es historiador de arte, profesor de historia de las teorías estéticas en la Facultad de Filosofía de la Pontificia Universidad Urbaniana de Roma; presidente de la Accademia Urbana delle Arti. Pintor, miembro ordinario de la Pontificia Insigne Accademia di Belle Arti e Lettere dei Virtuosi al Pantheon. Autor de ciclos pictóricos de arte sacro en diversas basílicas y catedrales. Se interesa en cuestiones iconológicas relativas al arte del Renacimiento y el Barroco, sobre el que ha escrito monografías y ensayos; especialista en Leonardo y Caravaggio, colabora con numerosas revistas; tiene desde el año 2000 un espacio semanal de historia del arte cristiano en Radio Vaticano. 

Written by Salvador Carbó

13 octubre, 2010 at 8:59