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2000 personas escuchan en oración los Santos Inocentes en Belén

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(Noticia aparecida en el Patriarcado latino de Jerusalén)

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Ayer, martes, 27 de diciembre, san Juan Evangelista, en el Palacio de Convenciones de Belén, unos 180 músicos y cantantes expresaron con la música y la oración, el grito de dolor de los santos inocentes y la Virgen María. Kiko Argüello, iniciador del Camino Neocatecumenal ofreció este concierto majestuoso a 2000 personas.

La sala, atestada: 2000 personas para 1750 asientos. Silencio. Todos escuchan las explicaciones de Kiko, iniciador del Camino Neocatecumenal y compositor de este concierto singular. La obra presenta a la Virgen María sujeta al escándalo del sufrimiento de los inocentes en su propia carne. En este 27 de septiembre, víspera de la solemnidad de los Santos Inocentes. Aquí, en Belén. En el mismo lugar donde ocurrió la masacre. Kiko hará de esta noche un concierto orante único con la introducción de la mediante la lectura de Ezequiel (22, 1.7-12.21, 14-22) y Lucas (2, 22-35), y porque, explicará, «en un tema como este, la música puede decir algo mucho más profundo que las palabras».

El concierto, dirigido por la mano maestra de Pau Jorquera (Barcelona), se divide en cuatro tiempos, sólo interrumpidos por la pausa para la meditación:

1 / Getsemaní: El canto de los violines, ligero, introduce al auditorio en el huerto de los Olivos. Poco a poco, resuena la percusión a los lejos, adensando imperceptiblemente la atmósfera. Cristo entra en agonía. Y desde el fondo del valle, los 150 cantantes y músicos retienen con una sola voz Su grito: «¡Abba!», cuyo eco se pierde en el pesado silencio de Su soledad.

2 / Lamento – gemido: Lágrimas de la Virgen María, que contempla a su hijo en la agonía. Delicadeza y armonía de la orquesta en torno a la que se encuentra al pie de la Cruz. El sonido de los instrumentos, como en secreto y casi de forma silenciosa, revela el infinito dolor de esta Madre afligida; mientras las notas del arpa recuerdan el caer de las lágrimas a lo largo de su rostro.

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3 / «¡Perdónalos!»: Trompetas, trompas, campanas y el canto del coro: «Padre, perdónalos!». La voz de Cristo resuena y se pierde en medio de los violines que, en un crescendo dramático, configuran el ambiente de la muerte inminente de Cristo. A lo lejos, el sonido de la arpa recuerda dolorosamente las lágrimas de María.

4 / La espada: «Y a ti misma una espada te traspasará el alma» (Lc 2,35). La música muestra el dolor de María atravesada por la espada del sufrimiento, al pie de la cruz. Y, de repente, las 2000 personas, todo el público se levanta para cantar, como eco de Kiko, «¡ya Mariam!», dirigiéndose con todas sus voces a la Virgen María en un rapto de apoyo y compasión.

La Iglesia del aleluya

La obra termina con un canto de todo el coro y, con fuerza, todos los instrumentos y cantantes proclaman la Resurrección, para recordar a todos que, a pesar del sufrimiento, la victoria está asegurada con Cristo resucitado. Lo que subrayará el patriarca Fouad Twal tras el concierto: «Somos la Iglesia de la cruz; pero también de la alegría, la esperanza, la resurrección, y del ¡aleluya!». El patriarca dio las gracias calurosamente a Kiko; al director del coro, Pau Jorquera, y a todos los cantantes y músicos. «Con este concierto que nos habéis ofrecido, hemos entendido el grito de dolor. Forma parte de nuestra vida, de nuestro patrimonio. El drama de los Santos Inocentes sucede justo después de la alegría de la Navidad. No se puede separar el dolor de la alegría: «El que quiera seguirme, tome su cruz». Pedimos a la Virgen María que nos ayude; a Ella, que sabe que el Señor es victorioso; Ella, que tiene que sufrir, permanecer en silencio, confiar en todo y aceptar; aunque no comprenda».

Mons. Fouad Twal estuvo acompañado durante el concierto del nuncio apostólico, Mons. Franco; Mons. Shomali, obispo auxiliar vicario para Jerusalén; Mons. Marcuzzo, obispo auxiliar vicario para Israel; Mons. Bathish, obispo auxiliar emérito de Jerusalén y Mons. Joseph-Jules Sreyi, arzobispo de la Iglesia greco-católica.

El Camino Neocatecumenal

El Camino Neocatecumenal, , nacido en 1964 en Madrid, cuenta hoy con 40.000 comunidades en el mundo. Muchas comunidades se han establecido en Tierra Santa y, en particular, en Galilea. El Camino ha edificado y regenta la Domus Galilææ, un centro de formación, estudio y retiro cerca del monte de las Bienaventuranzas.

Amélie de La Hougue

(Traducción del francés por Daniel Berzosa y López, OCSSJ)

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Written by Salvador Carbó

3 enero, 2012 at 12:19

Publicado en Arte, Fe, Música

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“Los cuatro escalones de la escala para subir al cielo”, de Teófano el recluso

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Recordad la sabía enseñanza de San Juan Clímaco. Comparad la manera en que debemos elevarnos hacia Dios a una escala de cuatro escalones. Algunos, dice, domeñan sus pasiones; otros cantan, es decir, oran con sus labios; los terceros practican la oración interior; finalmente, los últimos tienen visiones.

Aquellos que quieren subir esta escala no pueden comenzar por la cumbre, sino que deben partir de abajo. Deben poner el pie sobre el primer escalón, luego sobre el segundo, luego sobre el tercero y, finalmente, sobre el cuarto. Todo el mundo puede subir al mundo por esta escala.

Debéis comenzar por domeñar y reducir vuestras pasiones; luego, debéis practicar la salmodia –dicho de otro modo, debéis adquirir el hábito de la oración vocal-; luego debéis practicar la oración interior y, finalmente, podréis alcanzar el escalón a partir del cual es posible llegar a las visiones.

El primer escalón es el de los novicios; el segundo, el de los progresantes; el tercero el de los que han progresado hasta el fin; y el cuarto está reservado a aquellos que han llegado a la perfección.


Extraído de “Consejos a los Ascetas” de Teófano el recluso

Written by Salvador Carbó

19 diciembre, 2011 at 8:03

Publicado en Escritos, Fe

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“Implacables contra nosotros mismos”, de Teófano el Recluso

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Presentamos un fragmento de Teófano el recluso, monje ortodoxo de gran sabiduría del siglo XIX, extraído de capítulo titulado “la guerra contra las pasiones”.


Después de haberos abandonado a Dios y a su gracia en la oración, buscad en vosotros todo lo que os incita al pecado y esforzaos por separarlo de vuestro corazón, orientándolo hacia lo que es opuesto. Por ese medio desarraigaréis el pecado, cuya fuerza será destruida. En esta tarea, dad toda libertad a vuestro poder de discernimiento y dejadlo conducir vuestro corazón.

Esta lucha contra las fuerzas del mal es absolutamente esencial, si queremos quebrar nuestra voluntad propia. Es necesario continuar combatiendo contra sí mismo hasta que, en lugar de esa piedad y esa autocompasión, nos sintamos sin piedad ni compasión hacia nosotros mismos; continuar combatiendo hasta que tengamos el deseo de sufrir, de agotar nuestra alma y nuestro cuerpo. Es necesario proseguir ese esfuerzo hasta que, en lugar de buscar complacer a los hombres, experimentemos un sentimiento de repulsión contra todos los malos hábitos y todo lo que les está asociado, hasta que podamos resistir con coraje y tenacidad, sometiéndonos al mismo tiempo a  todas las injusticias y todos los malos tratos que nos serán infligidos por tal causa.

Es necesario continuar hasta que el apetito por las cosas materiales, sensibles y visibles, desaparezca completamente y sea reemplazado por un sentimiento de disgusto hacia esas cosas; entonces tendremos, por el contrario, hambre y sed de lo que es espiritual, puro y divino. En lugar de ligarse a la tierra, en lugar de poner todo su bienestar y su vida en este amor, el corazón comienza a ser colmado por el sentimiento de no ser sobre la tierra más que un peregrino que aspira a reencontrar su patria.

Written by Salvador Carbó

15 diciembre, 2011 at 8:07

Publicado en Fe, Reflexiones

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Audiencia: Dios, tesoro precioso que hay que custodiar en la oración

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Benedicto XVI comenta la intercesión de Jesús por el ciego y por Lázaro

CIUDAD DEL VATICANO, miércoles 14 de diciembre de 2011 (ZENIT.org).- Ofrecemos la catequesis que Benedicto XVI ha dirigido a los fieles congregados de Italia y de todas las partes del mundo para la tradicional Audiencia de los miércoles. La catequesis continúa el ciclo de la oración.

* * * * *

Queridos hermanos y hermanas, hoy quisiera reflexionar con vosotros sobre la oración de Jesús vinculada a su prodigiosa acción curativa. En los Evangelios se presentan distintas situaciones en las que Jesús reza frente a la obra benéfica y sanadora de Dios Padre, que actúa a través de Él. Se trata de una oración que, una vez más, manifiesta la relación única de conocimiento y de comunión con el Padre, mientras que Jesús se deja implicar con gran participación humana en el sufrimiento de sus amigos, por ejemplo Lázaro y su familia, o de los muchos pobres y enfermos que Él quiso ayudar concretamente.

Un caso significativo fue la curación del sordomudo (cfr Mc 7,32-37). El relato del evangelista Marco que apenas hemos escuchado, muestra que la acción sanadora de Jesús está conectada con su intensa relación con el prójimo, el enfermo, y con el Padre. La escena del milagro está descrita con atención, de esta manera: “Jesús lo separó de la multitud y, llevándolo aparte, le puso los dedos en los oídos y con su saliva le tocó la lengua. Después, levantando los ojos al cielo, suspiró y dijo: Efatá, que significa: ‘Ábrete'(7,33-34). Jesús quiere que la curación suceda “aparte, lejos de la multitud”. Esto parece ser no solo para que el milagro se realice sin que la gente se dé cuenta, para evitar que se hagan interpretaciones limitadas o distorsionadas de la persona de Jesús. La elección de llevar al enfermo aparte, hace que, en el momento de la curación, Jesús y el sordomudo se encuentren solos, cercanos, en una relación particular. Con un gesto, el Señor toca los oídos y la lengua del enfermo, o sea los centros específicos de su enfermedad. La intensidad de la atención de Jesús se manifiesta también en los rasgos insólitos de la curación: Emplea sus propios dedos y su propia saliva. También el hecho de que el evangelista nos traslade la palabra original pronunciada por el Señor: Effatà que quiere decir “¡Ábrete!”, evidencia el carácter singular de la escena.

Pero el punto central de este episodio es el hecho de que Jesús en el momento de realizar la curación, busca directamente su relación con el Padre. El relato dice, de hecho, que Él “mirando hacia el cielo, suspiró” (v.34). La atención al enfermo, la atención de Jesús hacia él, están vinculados a una actitud profunda de oración dirigida a Dios. Y el suspiro se describe con un verbo que en el Nuevo Testamento indica la aspiración a algo bueno que todavía falta (cfr Rm 8,23). El conjunto del relato muestra que la implicación humana con el enfermo lleva a Jesús a la oración. Una vez más surge su relación única con el Padre, su identidad de Hijo Unigénito. En Él, a través de su persona, se hace presente la actuación benéfica y sanadora de Dios. No es un caso en el que el comentario conclusivo de la gente, después del milagro, recuerde la valoración de la creación en el inicio del Génesis: “Ha hecho bien todas las cosas” (Mc 7, 37). En la acción sanadora de Jesús, entra de un modo claro la oración, con su mirada hacia el cielo. La fuerza que ha sanado al sordomudo está ciertamente provocada por la compasión hacia él, pero proviene del recurso hacia el Padre. Se encuentran estas dos relaciones: la relación humana de compasión con el hombre, que entra en la relación con Dios, y se convierte así, en curación.

En el relato joánico sobre la resurrección de Lázaro, se testifica esta misma dinámica, con una evidencia todavía mayor (cfr. Jn 11, 1-44). También aquí se entrelazan, por una parte, el vínculo de Jesús con un amigo y con su sufrimiento y, por la otra, la relación filial que Él tiene con el Padre. La participación humana de Jesús en el asunto de Lázaro tiene detalles particulares. Durante todo el relato se recuerda varias veces la amistad con él, así como también con las hermanas Marta y María. Jesús mismo afirma: “Nuestro amigo Lázaro duerme, pero yo voy a despertarlo”(Jn 11,11). El afecto sincero por el amigo está evidenciado también por las hermanas de Lázaro, así como de los judíos (cfr Jn 11,3; 11,36), se manifiesta en la conmoción profunda de Jesús con la vista del dolor de Marta y de María y de todos los amigos de Lázaro y desemboca en el llanto –tan profundamente humano- al acercarse a la tumba: “Jesús, al verla llorar a ella, y también a los judíos que la acompañaban, conmovido y turbado, preguntó: ‘¿Dónde lo pusieron?’. Le respondieron: ‘Ven, Señor, y lo verás’. Y Jesús lloró” (Jn 11, 33-35).

Este vínculo de amistad, la participación y la conmoción de Jesús ante el dolor de los parientes y conocidos de Lázaro, se vincula, en todo el relato, con una continua e intensa relación con el Padre. Desde el principio, el suceso es interpretado por Jesús en relación con su propia identidad y misión y con la glorificación que lo espera. Al recibir la noticia de la enfermedad de Lázaro, de hecho, comenta: “Esta enfermedad no es mortal; es para gloria de Dios, para que el Hijo de Dios sea glorificado por ella” (Jn 11,4). También el anuncio de la muerte del amigo es acogido por Jesús con profundo dolor humano, pero siempre con una clara referencia a la relación con Dios y con la misión que Él le ha confiado. Dice: “Lázaro ha muerto, y me alegro por vosotros de no haber estado allí, para que creáis. Vayamos a verlo” (Jn 11, 14-15). El momento de la oración explícita de Jesús al Padre ante la tumba es la conclusión natural de toda la historia, dado el doble registro de la amistad con Lázaro y la relación filial con Dios. También aquí las dos relaciones van unidas. “Padre, te doy gracias porque me has escuchado” (Jn 11 41), es una eucaristía. La frase revela que Jesús no ha dejado ni siquiera un instante la oración de petición por la vida de Lázaro. Esta oración continua ha reforzado, incluso, el vínculo con el amigo, y ha confirmado, al mismo tiempo, la decisión de Jesús de permanecer en comunión con la voluntad del Padre, con su plan de amor, en el que la enfermedad y la muerte de Lázaro son consideradas como momentos en los que se manifiesta la gloria de Dios.

Queridos hermanos y hermanas, leyendo esta narración, cada uno de nosotros está llamado a comprender que, en la oración de petición al Señor, no debemos esperar un cumplimiento inmediato de lo que pedimos, de nuestra voluntad, sino confiarnos sobre todo a la voluntad del Padre, leyendo cada suceso en la perspectiva de su gloria, de su diseño de amor, a menudo misterioso para nuestros ojos. Por esto, en nuestra oración, la petición, la alabanza y la acción de gracias deberían darse unidas, incluso cuando parece que Dios no responda a nuestras esperanzas concretas. El abandonarse en el amor de Dios, que nos precede y nos acompaña siempre, es una de las actitudes fundamentales en nuestro diálogo con Dios. El Catecismo de la Iglesia Católica comenta de esta manera la oración de Jesús en el relato de la resurrección de Lázaro: “Así, apoyada en la acción de gracias, la oración de Jesús nos revela cómo pedir: antes de que lo pedido sea otorgado, Jesús se adhiere a Aquél que da y que se da en sus dones. El Dador es más precioso que el don otorgado, es el ‘tesoro’, y en Él está el corazón de su Hijo; el don se otorga como ‘por añadidura’ (cf Mt 6, 21. 33)” (2604). También para nosotros, más allá de lo que Dios nos da cuando le invocamos, el don más grande que nos puede dar es su amistad, su presencia, su amor. Él es el tesoro precioso que hay que pedir y custodiar siempre.

La oración que Jesús pronuncia mientras se retira la piedra que tapa la entrada de la tumba de Lázaro, tiene un resultado singular e inesperado. Él, de hecho, después de haber dado gracias a Dios Padre, añade: “Yo sé que siempre me escuchas, pero lo he dicho por esta gente que me rodea, para que crean que tú me has enviado” (Jn 11,42). Con su oración, Jesús quiere llevarnos a la fe, a la confianza total en Dios y en su voluntad, y quiere mostrar que este Dios que tanto ha amado al hombre y al mundo, hasta el punto de mandar a su Hijo Unigénito (cfr Jn 3,16), es el Dios de la Vida, el Dios que lleva esperanza y es capaz de darle la vuelta a situaciones humanamente imposibles. La oración confiada de un creyente, por tanto, es un testimonio vivo de esta presencia de Dios en el mundo, de su interés en el hombre, de su acción para llevar a cabo su plan de salvación.

Las dos oraciones de Jesús meditadas ahora y que acompañan la curación del sordomudo y la resurrección de Lázaro, revelan que el profundo vínculo entre el amor a Dios y el amor al prójimo debe entrar también en nuestra oración. En Jesús, verdadero Dios y verdadero hombre, la atención hacia el otro, especialmente si está necesitado o sufre, el conmoverse ante el dolor de una familia amiga, lo llevan a dirigirse al Padre, en esa relación que dirige toda su vida. Pero también al revés: la comunión con el Padre, el diálogo constante con Él, empuja a Jesús a estar atento de un modo único a las situaciones concretas del hombre para llevarle el consuelo y el amor de Dios. La relación con el hombre nos guía hacia la relación con Dios, y la relación con Dios nos guía de nuevo hacia el prójimo.

Queridos hermanos y hermanas, nuestra oración abre la puerta a Dios, que nos enseña a salir constantemente a de nosotros mismos para ser capaces de acercarnos a los demás, especialmente en los momentos de la prueba, para llevarles consuelo, esperanza y luz. Que el Señor nos conceda ser capaces de una oración cada vez más intensa, para reforzar nuestra relación personal con Dios, agrandar nuestro corazón a la necesidad del que está a nuestro lado y sentir la belleza de ser “hijos en el Hijo”, junto a muchos hermanos. ¡Gracias!

[Traducción del original italiano por Carmen Álvarez ©Libreria Editrice Vaticana]

Written by Salvador Carbó

15 diciembre, 2011 at 0:12

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Benedicto XVI: el arte nos ayuda a crecer en la relación con Dios

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CASTEL GANDOLFO, miércoles 31 de agosto de 2011 (ZENIT.org).- A continuación ofrecemos la catequesis que el Santo Padre Benedicto XVI ha dirigido a los fieles reunidos en la Audiencia General de los miércoles en el Palacio Apostólico de Castel Gandolfo. La catequesis de hoy, que pertenece al ciclo de la oración, se ha centrado en la relación entre el arte y la oración.

* * * * *
Queridos hermanos y hermanas,

en este periodo he recordado muchas veces la necesidad de todo cristiano de encontrar tiempo para Dios, a través de la oración, en medio de las muchas ocupaciones de nuestra jornada. El Señor mismo nos ofrece muchas ocasiones para que nos acordemos de Él. Hoy quisiera detenerme brevemente en uno de estos medios que nos pueden conducir a Dios y ser, también, una ayuda para encontrarnos con Él: es la vía de las expresiones artísticas, parte de esta “via pulchritudinis” -“vía de la belleza”- de la que he hablado tantas veces y que el hombre debería recuperar en su significado más profundo. Quizás os ha sucedido que ante una escultura, un cuadro, o algunos versos de poesía o una pieza musical, sentís una íntima emoción, una sensación de alegría, percibís claramente que frente a vosotros no hay solamente materia, un trozo de mármol o de bronce, un lienzo pintado, un conjunto de letras o un cúmulo de sonidos, sino algo más grande, algo que nos “habla”, capaz de tocar el corazón, de comunicar un mensaje, de elevar el ánimo. Una obra de arte es fruto de la capacidad creativa del ser humano, que se interroga ante la realidad visible, que intenta descubrir el sentido profundo y comunicarlo a través del lenguaje de las formas, de los colores, de los sonidos. El arte es capaz de expresar y hacer visible la necesidad del hombre de ir más allá de lo que se ve, manifiesta la sed y la búsqueda de lo infinito. Incluso es como una puerta abierta hacia el infinito, hacia una belleza y una verdad que van más allá de lo cotidiano. Y una obra de arte puede abrir los ojos de la mente y del corazón, empujándonos hacia lo alto.

Hay expresiones artísticas que son verdaderos caminos hacia Dios, la Belleza suprema, que incluso son una ayuda para crecer en la relación con Él, en la oración. Se trata de las obras que nacen de la fe y que la expresan. Un ejemplo lo tenemos cuando visitamos una catedral gótica: nos sentimos cautivados por las líneas verticales que se elevan hasta el cielo y que atraen nuestra mirada y nuestro espíritu, mientras que, a la vez, nos sentimos pequeños o también deseosos de plenitud… O cuando entramos en una iglesia románica: nos sentimos invitados de un modo espontáneo al recogimiento y a la oración. Percibimos que en estos espléndidos edificios se recoge la fe de generaciones. O bien, cuando escuchamos una pieza de música sacra que hace vibrar las cuerdas de nuestro corazón, nuestro ánimo se dilata y se siente impelido a dirigirse a Dios. Me viene a la memoria un concierto de música de Johann Sebastian Bach, en Munich, dirigido por Leonard Bernstein. Al final de la última pieza, una de las Cantatas, sentí, no razonando, sino en lo profundo del corazón, que lo que había escuchado me había transmitido verdad, verdad del sumo compositor que me empujaba a dar gracias a Dios. A mi lado estaba el obispo luterano de Munich y espontáneamente le dije: “Oyendo esto se entiende: es verdadera, es verdadera la fe tan fuerte y la belleza que expresa irresistiblemente la presencia de la verdad de Dios”. Cuántas veces cuadros o frescos, frutos de la fe del artista, con sus formas, con sus colores, con sus luces, nos empujan a dirigir el pensamiento hacia Dios y hacen crecer en nosotros el deseo de acudir a la fuente de toda belleza. Resulta profundamente cierto lo que escribió un gran artista, Marc Chagall, que los pintores han sumergido, durante siglos, sus pinceles en el alfabeto de colores que es la Biblia. ¡Cuántas veces las expresiones artísticas pueden ser ocasiones para acordarnos de Dios, para ayudar a nuestra oración o para convertir nuestro corazón! Paul Claudel, famoso poeta, dramaturgo y diplomático francés, al escuchar el canto del Magnificat durante la Misa de Navidad en la basílica de Notre Dame, París, en 1886, advirtió la presencia de Dios. No había entrado en la iglesia por motivos de fe, sino para encontrar argumentos contra los cristianos. Sin embargo la gracia de Dios actuó en su corazón.

Queridos amigos, os invito a redescubrir la importancia de este camino también para la oración, para nuestra relación viva con Dios. Las ciudades y los países de todo el mundo contienen tesoros de arte que expresan la fe y nos recuerdan la relación con Dios. Que la visita a lugares de arte no sea sólo ocasión de enriquecimiento cultural, sino que se pueda convertir en un momento de gracia, de estímulo para reforzar nuestro vínculo y nuestro diálogo con el Señor, para detenerse a contemplar -en la transición de la simple realidad exterior a la realidad más profunda que expresa- el rayo de belleza que nos golpea, que casi nos “hiere” y que nos invita a elevarnos hacia Dios. Termino con una oración de un Salmo, el Salmo 27: “Una sola cosa he pedido al Señor,y esto es lo que quiero:

vivir en la Casa del Señor todos los días de mi vida, para gozar de la dulzura del Señor y contemplar su Templo” (v.4).Esperemos que el Señor nos ayude a contemplar su belleza, ya sea en la naturaleza o en las obras de arte, para ser tocados por la luz de su rostro y así poder ser nosotros luz para nuestro prójimo. Gracias.

[En español dijo:]

Saludo cordialmente a los peregrinos de lengua española, en particular a los universitarios de la Arquidiócesis de Rosario, a los grupos venidos de Santiago de Chile, así como a los demás fieles provenientes de España, Guatemala, Argentina y otros países latinoamericanos. Invito a todos a llegar a Dios, Belleza suma, a través de la contemplación de las obras de arte. Que éstas no sólo sirvan para incrementar la cultura, sino también para promover el diálogo con el Creador de todo bien. Que el Señor os acompañe siempre.

[Traducción del original italiano por Carmen Álvarez

©Libreria Editrice Vaticana]

Written by Salvador Carbó

1 septiembre, 2011 at 16:23

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Noticias y retransmisión de la Celebración sinfónico-catequética “El sufrimiento de los inocentes”, de Kiko Argüello

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Artículos

Noticia en LA RAZÓN:

http://www.religionenlibertad.com/articulo.asp?idarticulo=16122

Noticia en Religión Confidencial:

http://www.religionconfidencial.com/index.php?option=com_content&view=article&id=3897:kiko-argueello-llena-la-catedral-de-madrid-con-una-impactante-sinfonia-musical-catequetica-y-de-oracion-presidida-por-rouco&catid=51:catolicos&Itemid=55

Artículo de opinión en Religión Confidencial por el Decano de Comunicación del CEU, director de Contenido de Análisis Digital y mano derecha del Cardenal en temas de prensa:

http://www.religionconfidencial.com/index.php?option=com_content&view=article&id=3900:sinfonia-del-sufrimiento-de-los-inocentes&catid=66:columnista-4&Itemid=80

Otro artículo publicado en la Revista Huellas. La autora es Carmen Giussani, hermana de Luigi Giussani y fundador de Comunión y Liberación (CL). D. Luigi Giussani (www.clonline.org/storiatext/spa/biograf.htm) y Kiko se han visto en numerosas ocasiones. Giussani fue también fundador y miembro del Pontificio Consejo de los Laicos.
http://www.revistahuellas.org/default.asp?id=334&id_n=2382

Retransmisión en TV

El pasado domingo tuvo lugar la Celebración Sinfónico-Catequética del Camino Neocatecumenal en la Catedral de la Almudena de Madrid. A continuación os informamos de cómo seguir por TV un reportaje sobre la misma y la propia celebración el próximo domingo 26 de junio:

– INTERECONOMÍA TV:
A partir de las 10 h. y hasta las 11 h. el programa "Valores en alza" emitirá un reportaje sobre la Celebración. Además de por TV, se puede seguir vía streaming en: http://www.intereconomia.com/ver-intereconomia-tv
– 13TV: La Celebración se podrá seguir de forma íntegra a las 13 h. a través de este canal de TV. Enviamos adjunto la forma de sintonizar 13tv en nuestros televisores. Todo aquel que viva fuera de España y no pueda ver 13tv tendrá la oportunidad de seguir la emisión a través de: http://www.ustream.tv/channel/neocatecumenal

Written by Salvador Carbó

25 junio, 2011 at 19:20

Sinfonía en clave de Dios

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Kiko Argüello presenta la obra «El sufrimiento de los inocentes»

 

Un rasgueo de guitarra tras otro. Este gesto que bien podría identificarse como un signo propio del carisma del Camino Neocatecumenal se transformó ayer en la base de la oración que acogió la catedral de La Almudena de Madrid a través de una obra musical catequética en la que el instrumento ligado al ser y hacer de Kiko Argüello se dejaba empapar por violines, clarinetes, un arpa… hasta configurar una sinfonía, «El sufrimiento de los inocentes».

Kiko Agüello presentó ayer «El sufrimiento de los inocentes» ante el cardenal Rouco Varela

19 Junio 11 – Madrid – J. Beltrán

La propuesta iba más allá de un concierto, pues se integraba en una celebración presidida por el cardenal arzobispo de Madrid, Antonio María Rouco Varela, en la que las lecturas invitaban a la reflexión, a que la música empapara algo más que el oído. «Querríamos celebrar juntos, con estos trazos musicales, cuántos sostuvo un ángel a la Virgen, como a Jesús en el Huerto de los Olivos, cuando otro ángel le ayudó a beber el cáliz preparado para los pecadores», apuntó el iniciador del Camino Neocatecumenal al comienzo del acto para invitar a los asistentes a «dejar que la música penetre dentro de vosotros para hacer oración. Vamos a rezar por los que sufren y vamos a pedir a la Virgen por la Jornada Mundial de la Juventud».

Y como lo que buscaba es la implicación de aquel que se pone frente a la obra, el propio Kiko invitó a los presentes a acompañar con su canto en uno de los cuatro movimientos a la orquesta y el coro, compuesta por más de 170 músicos del Camino con una media de edad que no supera los 30 años. Todos, bajo la batuta de Joan Jorquera, de 28 años, que ha vivido este proyecto desde sus inicios: «El pasado 8 de diciembre, durante una convivencia de músicos del Camino, Kiko llegó y nos dijo: ‘‘Vamos a tocar’’. Nuestro pensamiento entonces, sin partitura, fue claro: íbamos a perder el día. Entonces él continuó: ‘‘Dios me inspirará la música’’», recuerda el joven. Y así fue. El iniciador del Camino se puso a tararear, los músicos lo tradujeron en cuerda, viento y percusión y los instrumentos se empastaron con sencillez y delicadeza, fuerza y pasión. Tal y como ocurrió ayer en Madrid.

Enseñanza catequética
Sin embargo, el porqué de la sinfonía hay que buscarlo más atrás, en una catequesis que Benedicto XVI ofreció en 2008 sobre Romano el Meloda, un teólogo y compositor que se sirvió de la música como «oportunidad de enseñanza catequética». Con esta premisa unida a la propuesta del Papa de crear un «Atrio de los Gentiles» dentro de la nueva evangelización, Argüello quiso poner los acordes al servicio de la Palabra con un tema claro: «Frente al escándalo tremendo del sufrimiento en el mundo, Dios se presenta como la única respuesta. María a los pies de la Cruz, con esa espada que atraviesa su corazón, nos comunica que su sufrimiento no es en balde», explica el iniciador de Camino Neocatecumenal a LA RAZÓN, que, tras ver materializada la obra sólo tiene palabras de agradecimiento: «El Señor es muy bueno con nosotros, nos ayuda a manifestar en un lenguaje musical la presencia de Dios».

Así lo percibió el cardenal Rouco, quien destacó que «cuando uno vive una experiencia artística, no lo hace pensando en qué va a sacar en lo práctico, como si fuera una operación matemática. La música se escucha, se goza, como la liturgia». Sobre la experiencia del sufrimiento, el arzobispo de Madrid subrayó además que «si algo necesita el corazón del hombre es que su corazón se levante sobre la tierra y el dolor hacia Dios».

Una obra que cambia sobre la marcha
«El sufrimiento de los inocentes» está compuesta por varios movimientos: «Lamento», «Gemido», Perdónalos» y «Espada». Aunque ya se ha interpretado en Israel, Alemania, Francia y en la Ciudad del Vaticano ante el Papa, se puede decir que en cada ocasión la obra ha sido única. Y es que, Kiko Argüello ha introducido variantes tanto en el terreno instrumental como en el coral. Eso hace que, durante los ensayos, la orquesta cuente con un equipo de especialistas que modifica las partituras con los nuevos cambios que se incorporan de inmediato.

Written by Salvador Carbó

20 junio, 2011 at 11:05

Publicado en Fe

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