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“Logos 7–Sobre las virtudes”, de Isaías de Gaza (extracto del Ascetikón)

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Existen tres virtudes que tienen cuidado del espíritu y que él necesita: el impulso natural, el coraje viril y la prontitud. Hay tres virtudes que si el espíritu las tiene consigo, llega a la inmortalidad: el discernimiento que distingue una cosa de otra, ver las cosas de antemano y no obedecer nada extraño. Hay tres virtudes que dan cada día luz al espíritu: no conocer la malicia de ningún hombre, devolver bien por mal (Lucas 6,27) y soportar sin turbarse lo que viene contra él de los enemigos.

Estas tres virtudes engendran otras tres mayores que ellas: no conocer la malicia del hombre engendra la caridad, devolver bien por mal trae la concordia y soportar lo que viene en contra sin turbarse trae la dulzura. Hay cuatro virtudes que purifican el alma: el silencio, guardar los mandamientos, la angustia y la humildad. El espíritu necesita estas cuatro virtudes cada día: orar a Dios, postrarse ante Él cada día (Salmos 54,23; 1 Pedro 5,7), no preocuparse de ningún hombre para no juzgarlo y ser sordo a las palabras de las pasiones.

Cuatro virtudes fortifican el alma y le traen lo necesario para refugiarse de la turbación de los enemigos: la misericordia, la ausencia de cólera, la longanimidad y sacudirse toda la malicia del pecado que viene en contra nuestra; disponernos contra el olvido guarda de estas cosas. Hay cuatro virtudes que guardan al joven ante Dios; salmodiar en toda hora, no ser perezoso, la vigilia y no igualarse con nadie.

Los vicios. Por cuatro cosas el alma se ensucia: marchar por la ciudad sin guardar los ojos, por la razón que sea tener amistad con una mujer, tener amistad con los poderosos del mundo y preferir quedarse con sus parientes según la carne. Por cuatro cosas crece la fornicación en el cuerpo: por dormir hasta la saciedad, comer hasta hartarse, por las palabras desvergonzadas y por el adorno del cuerpo.

Por cuatro cosas se entenebrece el alma: por odiar al prójimo, por desdeñarlo, por tenerle envidia y por criticarlo. Por cuatro cosas queda el alma desierta: por ir de un lugar a otro, por amar la distracción, por el amor de las cosas materiales y por el amor al dinero (Mateo 6,24). Por cuatro cosas aumenta la cólera: dar y recibir en la avaricia, amar la propia voluntad, querer enseñar a otros, estimarse a sí mismo por sabio (Romanos 11,25, 12,16).

Hay tres cosas que el hombre adquiere con dificultad y que protegen todas las virtudes: el duelo, llorar por sus pecados y tener ante los ojos la propia muerte (Eclesiástico 28,6). Hay tres cosas que dominan el alma hasta que logra elevarse y que impiden a las virtudes habitar en el espíritu: la cautividad (cfr. Romanos 7,23), la indolencia y el olvido. El olvido combate al hombre atormentándole hasta su último aliento; es más fuerte que todos los pensamientos y engendra todas las malicia, las cosas construidas por el hombre las derriba en todo momento. Éstas son las obras del hombre nuevo y del hombre viejo (Colosenses 3,9): Aquel que ama su alma para no perderla, guarda las obras del hombre nuevo, el que desea el ocio de su alma en este breve tiempo hace las del hombre viejo, pero perderá su alma (Mateo 10,39).

Nuestro Señor Jesucristo manifiesta claramente las obras del hombre nuevo en su santo cuerpo: "Aquel que ama su alma la perderá, pero el que la pierda por mí la encontrará" (Mateo 10,39). En efecto, Él es Señor de la paz (2 Tesalonicenses 3,16), por Él se ha roto el muro de la enemistad (Efesios 2,14). Él decía: "No he venido a traer la paz, sino la espada" (Mateo 10,34). También dijo: "He venido a prender fuego a la tierra, y desearía que ya estuviese ardiendo" (Lucas 12,49). Esto significa que aquellos que han seguido su santa enseñanza están en el fuego de su divinidad; que han encontrado la espada del Espíritu (Efesios 6, 17), y se han hecho enemigos de todas las pasiones de su corazón y que Él les ha dado la paz, diciendo: "Mi paz os doy, mi paz os dejo" (Juan 14,27).

Aquellos que han tenido cuidado de no perder su alma en este mundo y han suprimido su voluntad han llegado a ser corderos santos para el sacrificio (Romanos 8,36). Y cuando vuelva en la gloria de su divinidad, los llamará a su derecha y les dirá: "Venid a mi, benditos de mi Padre, heredad el reino que os ha sido preparado antes de la creación del mundo; pues tuve hambre y me disteis de comer, tuve sed y me disteis de beber, fui extranjero y me hospedasteis, estuve desnudo y me vestisteis, estuve enfermo y me visitasteis, estuve en prisión y vinisteis a mí" (Mateo 25,34­36). Los que han perdido su alma en este breve tiempo, se encontrarán en el tiempo de la angustia recibiendo una recompensa mucho más grande (Mateo 19,29) que aquella que esperaban recibir.

Pero aquellos que han realizado su voluntad y han conservado su alma en este mundo pecador, que se han perdido en la vanidad (Efesios 4,17) de sus riquezas y no han guardado los mandamientos pensando que hasta el fin se quedarían en este mundo (Santiago 4.13s), la vergüenza de su ceguera será manifestada en el momento del juicio, pues ellos se hicieron víctimas malditas y escucharán la terrible sentencia: "Apartaos de mí, malditos, a las tinieblas eternas que fueron preparadas para Satanás y sus ángeles. Pues tuve hambre y no medisteis de comer… (Mateo 25,41-43). Su boca ha sido cerrada y no han tenido qué decir, pues se han sometido a la falta de misericordia y el odio a los pobre les ha dominado. Pero ellos dijeron al Señor: "¿Cuándo te hemos visto y no te hemos servido?", y El los callará diciendo: "En verdad os digo que cuanto dejasteis de hacer con uno de estos más pequeños, también conmigo dejasteis de hacerlo" (Mateo 25,45).

¡Examinémonos, bienamados! Cada uno de nosotros, ¿sigue los mandamientos según su fuerza, o no? Pues todos tenemos que seguirlos: el pequeño según su pequeñez, el grande según su grandeza. En efecto, los que depositaban sus ofrendas en el tesoro del Templo eran ricos, pero tuvo (JESÚS) más alegría de la viuda pobre con sus dos óbolos (Marcos 12,41-44). Pues es nuestra voluntad lo que Dios observa (1 Samuel 16,7).

No demos lugar al desaliento en nuestro corazón, que el temor que nos envía no nos separe de Dios, sino sigamos sus mandamientos según nuestra pobreza. Pues Él mismo se apiadó de la hija del jefe de la sinagoga y la resucitó (Lucas 8,49-55); asimismo tuvo piedad de la mujer afligida, que se había gastado todo lo que tenía en médicos antes de conocer a Cristo (Lucas 8,42-44). Y curó al siervo del centurión porque le creyó (Mateo 8,5-13), _y se apiadó de aquella mujer cananea y curó a su hija (Mateo 15,22-28). Lo mismo que resucita a Lázaro, su amigo (Juan 11,41-44), resucita a la hija de la mujer pobre a causa de sus lágrimas (Lucas 7,11-15). Y no aparta de su lado a María, que había ungido sus pies con perfumes (Juan 12,3-8), ni tampoco desdeñó a la pecadora que ungió sus pies con perfumes y con sus lágrimas (Lucas 7,37-50). Así como llamó a Pedro y a Juan en su barca, diciendo: venid conmigo" (Mateo 4,18s), también llama a Mateo que estaba sentado en el puesto de tributos (Mateo 9,9). Y como lavó los pies a sus discípulos, así también se los lavó a Judas, sin hacer diferencia (Juan 13,5-11). Y lo mismo que el Espíritu Paráclito vino sobre los discípulos (Hechos 2,1-4), así vino también sobre Cornelio claramente (Hechos 10,22-44). Y lo mismo que requirió a Ananías en Damasco por Pablo diciendo: "Él es para mi vaso de elección" (Hechos 9,15); así requirió a Felipe en Samaria por el etíope de Candaces (Hechos 8,26-39). Pues no hace acepción de personas (Romanos 2,11), pequeños o grandes, ricos o pobres; sino que es la voluntad lo que busca (1 Samuel 16,7) en el hombre, la fe, guardar sus mandamientos y la caridad hacia todos. Ésta es, en efecto, un sello para el alma cuando salsa del cuerpo (Apocalipsis 7.3), por eso ordena a sus discípulos diciendo: "Todos reconocerán que sois mis discípulos, si os amáis unos a otros" (Juan 13,35). ¿De quién dice «todos reconocerán, sino de las potencias de la derecha y de la izquierda? (cfr. Mateo 25,34-43); en efecto, una vez que las potencias adversas vean el signo de la caridad que va con el alma, se apartarán de ella con temor y se reunirán a su lado todas las potencias santas.

Luchemos, bienamados, según nuestra fuerza, por adquirir la caridad, para que nuestros enemigos no nos atrapen. El mismo Señor dijo: "Es imposible ocultar la ciudad construida sobre la montaña" (Mateo 5,14), ¿de qué montaña habla, si no es de su santa e inmutable palabra? Hagamos, bienamados, el trabajo de realizar con celo y ciencia su palabra que dice: "Aquel que me ama, guarda mis mandamientos" (Juan 14.23). De modo que vuestros trabajos sean como una ciudad seguridad y fortificada (Salinos 30.22) que nos guarde de nuestros enemigos, hasta que os encontréis con Él.

Pues si nos hallamos seguros (1 Juan 4.17), todos nuestros enemigos serán abatidos gracias a su palabra, que es la montaña, según se ha escrito en Daniel: "Una piedra se separó, sin intervención de mano alguna, y derriba la estatua de oro, plata, bronce, hierro y arcilla" (Daniel 2,34); por eso dijo el Apóstol: "Revestíos de la armadura de Dios, para que resistáis la fuerza del diablo, pues no luchamos contra la sangre ni la carne, sino contra los principados, las potencias, los maestros del mundo tenebroso, los espíritus del mal que habitan el aire superior’ (Efesios 6,11 s). Estos cuatro principados son esta estatua, que representa al Enemigo, y son los que ha destruido el Verbo santo venido del Padre, como está escrito: "Vi que la piedra que derriba la estatua y la dispersa como arena, llega a ser una gran montaña que cubre toda la tierra" (Daniel 2,35).

Pongámonos, hermanos, bajo su protección, para que nos sea un lugar de refugio (cfr. Salmos 30,3) y nos salve de esas cuatro potencias malvadas, para que también escuchemos la noticia de alegría en compañía de todos sus santos, que serán reunidos ante Él desde los cuatro rincones de la tierra (cfr. Mateo 24,31, Apocalipsis 7,1 s), cuando cada uno comprenderá su propia bendición conforme a sus obras, así está escrito: "Jesús subió a una gran montaña y se sentó, y un gran genio se reunió ante él, de Judea, de Galilea, de la costa del mar y del otro lado del Jordán; abrió la boca, dirigiéndose a los que habían hecho su voluntad, y dio: "Bienaventurados los pobres en el espíritu, pues de ellos es el Reino de los Cielos…" (Mateo 4. 25-5,12).

Su santo nombre tiene poder para estar con nosotros (2 Corintios 9,8) y darnos la fuerza para no dejar que nuestro corazón se extravíe por el olvido del Enemigo; así nos guarda según su poder para que soportemos todo lo que venga contra nosotros por causa de su nombre, de modo que hallemos misericordia (Hebreos 4,16) en compañía de los que han sido juzgados dignos de las bendiciones que antes dije. Por Él se da gloria a Dios Padre con el Espíritu Santo, por los siglos de los siglos. Amén.

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Written by Salvador Carbó

6 diciembre, 2011 at 13:48

La Fiesta de la Presentación en Romano "el Meloda"

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Aquél que creó a Adán es tenido en brazos como Niño

En las Iglesias orientales la Fiesta del 2 de Febrero subraya el encuentro entre la humanidad y la divinidad. Testimoniada ya por Egeria a finales del siglo IV, la Fiesta entrará en Constantinopla en el año 542 tras una terrible epidemia. Román "el Melódico", muerto en el 555, tiene un solokontákion para esta fiesta.

La introducción da la dimensión cristológica de la Fiesta: "Desde lo alto de los cielos lo vieron los incorpóreos y dijeron: Hoy asistimos a un espectáculo maravilloso y extraordinario. Aquél que creó a Adán es tenido en brazos como Niño, Aquél que es inconmensurable es estrechado entre los brazos de aquel anciano. Aquél que es transportado sobre los hombros de los queribines ha hecho morada entre los hombres. Aquél que plasma a los niños en el seno de las madres se hace niño en una Virgen, y permanece unido al Padre y al Espíritu Santo, eterno junto a ellos".

Román da, entonces, la palabra a María que, imagen de la Iglesia misma, profesa la divino-humanidad de Aquél que porta en brazos: "¿Qué apelativo encontraré para Tí, Hijo mío? ¿Te diré hombre perfecto? Pero yo sé que fue divina tu concepción. Y si te llamo Dios, me sorprendo viéndote en todo semejante a mí. ¿Debo ofrecerte mi leche o mi alabanza? Tus hechos te proclaman Dios sin tiempo, aunque te hayas hecho hombre, oh amigo de los hombres".

Entonces el anciano Simeón se vuelve a Cristo que sostiene en sus brazos. Sus palabras demuestran gozo y temor "porque con los ojos del alma veía las filas de los ángeles y arcángeles que cantaban la gloria de Cristo. Y rezando decía: Protégeme y no me consumas, Tú que eres fuego de la naturaleza divina y único amigo de los hombres".

Como en una Anáfora Eucarística viene entonces descrito el Misterio de la Redención: "Tú eres la imagen absolutamente perfecta de la incomprensible sustancia del Padre, la luz inaccesible, el sello inmutable de la divinidad, Tú que existes desde la eternidad y has creado cada cosa, Tú que en un tiempo acogiste la ofrenda de Abel y de los otros justos tuyos. Grande y glorioso eres Tú, engendrado del Altísimo de un modo inexpresable, ¡oh santísimo Hijo de María! Yo te proclamo uno, visible e invisible, finito e infinito; te conozco y te creo eterno Hijo de Dios según naturaleza, pero también te declaro Hijo de la Virgen más allá de la naturaleza".

Simeón explica a María lo que acaece y acaecerá por medio de Ella: "Permanece estupefacta la Virgen y a Ella el anciano dice: Todos los profetas han anunciado a tu Hijo, que has engendrado sin concurso de varón. De Tí hablaba el profeta, por que la puerta cerrada eres Tú, Madre de Dios!. A través de Tí ha entrado y salido el Señor. Tu Hijo es la Vida, la Redención y la Resurrección de todos nosotros. Él ha venido porque quiere levantar a los caídos rescatando de la muerte a sus criaturas".

Y entonces se vuelve Simeón a Cristo: "Mantén la promesa de tu palabra, oh Verbo, mándame junto a Abrahám y los Patriarcas. Queriendo que Enoch y Elías no probasen la muerte, oh Señor, te has complacido de llevarlos fuera de esta tierra de un modo misterioso a fin de que fueran a un lugar lleno de luz y sin llanto. Así como te he visto físicamente y he tenido el privilegio de tenerte en brazos, pueda yo ver tu gloria junto al Padre y al Espíritu Santo, ya que permaneces allá arriba a la vez que desciendes entre nosotros".

La respuesta de Cristo es un preanuncio del descenso de Cristo al Hades, lo cual el mismo Simeón profetiza: "Y el Rey celeste responde: Del mundo caduco te mandaré a la morada eterna, oh hijo amado. Yo te mando a Moisés y a los demás profetas: y a ellos anunciales que Yo, Aquél del cual ellos habían hablado, he aquí que he llegado y he sido parido por una Virgen. Pronto regresaré para rescatarlos a todos, Yo que soy el amigo de los hombres".

(Publicado por Manuel Nin en l’Osservatore Romano el 2 de Febrero de 2011)

Written by Salvador Carbó

4 febrero, 2011 at 18:09

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Carta Cardenal Arzobispo de Madrid, Antonio Mª Rouco Varela, invitando a participar en la Misa de la Familia del 2 de enero de 2011

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altA todos los párrocos, rectores de Iglesias, dirigentes de asociaciones y movimientos apostólicos, directores de colegios y centros de enseñanza, instituciones de la vida consagrada y a todos los fieles laicos.

Queridos diocesanos:

Las fiestas de Navidad nos alegran con la presencia del Hijo de Dios e Hijo de María entre nosotros. La promesa del Dios con nosotros – el Enmanuel – se ha cumplido y Dios comparte nuestra condición humana, nuestros gozos y penas, esperanzas y anhelos, dichas y sufrimientos. Comparte, desde el primer momento, la vida familiar. La familia es la primera realidad humana que ha sido consagrada y enaltecida por el Redentor del hombre. En ella ha querido nacer, crecer en edad, sabiduría y gracia, y trabajar aprendiendo el oficio de san José, su padre adoptivo. La familia, que había sido dignificada por el mismo Dios en la creación, alcanza ahora su misión última: albergar al Hijo de Dios, que se convierte en modelo perfecto de todo hombre en sus relaciones familiares.

No es de extrañar que las fiestas de Navidad sean las fiestas familiares por antonomasia en las que la Iglesia nos invita a practicar todas las virtudes domésticas: desde las más sencillas – respeto, ayuda mutua, comprensión – hasta las más heroicas: sacrificio total por los otros, abnegación, fidelidad y caridad perfecta. Si vivimos así, Belén y Nazaret volverá a resplandecer entre los hombres, que descubrirán al mismo Cristo habitando entre nosotros. Se explica, por tanto, que la Iglesia luche sin descanso por la institución familiar, por sus derechos inalienables, por la vida que nace y muere en ella, por la dignidad de los esposos, por la recta educación de los hijos, por el trabajo necesario para que la familia progrese humanamente, por la solidaridad con los más necesitados que hace de las familias pequeñas iglesias rebosantes de caridad. Sí, la Iglesia considera la familia como lugar fecundo de verdadera humanidad, donde el hombre es amado por sí mismo y educado para la vida eterna.

Como en años anteriores, un modo de manifestar nuestro aprecio por la familia será la celebración eucarística que tendrá lugar el 2 de Enero de 2011, inmediatamente después de haber escuchado al Santo Padre, quien, a las 12 horas, nos dirigirá palabras de aliento y orientación en la defensa de la familia. Bajo el lema La familia cristiana, esperanza para Europa, muchas familias cristianas de diversos países europeos que viven la misma situación que nosotros participarán en nuestra celebración. En plenas fiestas de Navidad, esta eucaristía es una invitación a reunirnos todas las familias cristianas en torno a la mesa del Señor, donde, como brotes de olivo que se renuevan cada año, recibimos la Vida inmortal en el sacramento de la Eucaristía. Será muy hermoso congregarnos todos los miembros de la familia – padres, abuelos, jóvenes y niños – dando rostro visible a la Iglesia de Cristo. De este modo damos pasos seguros para que esta celebración arraigue en nuestra sociedad y se haga institucional, un punto de referencia para quienes reconocemos en la familia un don del Dios Creador y el primer lugar donde su Hijo Jesucristo ha compartido la vida de los hombres. Celebraremos además esta fiesta ya en el año 2011, que nos traerá la gracia de la Jornada Mundial de la Juventud con la presencia del Papa Benedicto XVI durante cuatro días del mes de Agosto entre nosotros. Os invito a todos los fieles de la Archidiócesis de Madrid y especialmente a las familias jóvenes y a los jóvenes a participar con su particular alegría y generosidad en esta celebración que nos ayudará a arraigarnos y edificarnos en Cristo mediante la firmeza de la fe. Os espero a todos y ya desde ahora os deseo un feliz y santo tiempo de Navidad.

Os bendigo en el Señor,

+Antonio Mª Rouco Varela
Cardenal-Arzobispo de Madrid

Navidad 2010-2011

Cartel para el Encuentro

Written by Salvador Carbó

23 diciembre, 2010 at 10:06

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Un dicasterio para pensar y llevar adelante la nueva evangelización

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El contenido del Motu Proprio “Ubicumque et semper”

CIUDAD DEL VATICANO, martes 12 de octubre de 2010 (ZENIT.org).- La Santa Sede publicó este martes la Carta apostólica de Benedicto XVI en forma de Motu propio titulada Ubicumque et semper, con la que se instituye un nuevo dicasterio de la Curia Romana, el Consejo Pontificio para la Promoción de la Nueva Evangelización.

El documento contiene cuatro artículos y una reflexión del Papa sobre la necesidad de evangelizar y las particularidades de la evangelización actual.

La finalidad del nuevo consejo pontificio, indicada en el artículo 1 del Motu proprio, incluye estimular “la reflexión sobre los temas de la nueva evangelización” e identificar y promover “las formas y los instrumentos adecuados para realizarla”.

El Motu proprio indica que la acción del nuevo Consejo “está al servicio de las Iglesias particulares, especialmente en esos territorios de tradición cristiana donde con mayor evidencia se manifiesta el fenómeno de la secularización”.

Entre las tareas específicas del dicasterio, el documento, fechado en Castel Gandolfo el pasado 21 de septiembre, señala “profundizar en el significado teológico y pastoral de la nueva evangelización”.

También promover y favorecer el Magisterio pontificio relativo a las temáticas relacionadas con la nueva evangelización, dar a conocer iniciativas ligadas a ésta que ya se realizan y promover de nuevo su realización.

Y ello en estrecha colaboración con las conferencias episcopales interesadas, e “implicando activamente también los recursos presentes en los Institutos de Vida Consagrada y en las Sociedades de Vida Apostólica, como también en las agregaciones de fieles y en las nuevas comunidades”.

Otra de las tareas del Consejo Pontificio para la Promoción de la Nueva Evangelización es “estudiar y favorecer la utilización de las modernas formas de comunicación, como instrumentos para la nueva evangelización”.

Y finalmente, el dicasterio se encarga también de “promover el uso del Catecismo de la Iglesia Católica, como formulación esencial y completa del contenido de la fe para los hombres de nuestro tiempo”.

El nuevo dicasterio está dirigido por un arzobispo presidente, el primero de los cuales es el arzobispo italiano Rino Fisichella, que presentó hoy públicamente en la Santa Sede el Consejo Pontificio para la Promoción de la Nueva Evangelización.

También contará con un secretario, un subsecretario, “un adecuado número de oficiales” y miembros propios. Además puede disponer de consultores propios, establece Ubicumque et semper.

Siempre y en todas partes

El título del Motu proprio (traducido del latín al español, Donde sea y siempre) hace referencia al deber que tiene la Iglesia de anunciar siempre y en todas partes el Evangelio de Jesucristo.

En el documento, Benedicto XVI constata que la misión evangelizadora de la Iglesia “ha asumido en la historia formas y modalidades siempre nuevas según los tiempos, las situaciones y los momentos históricos”.

Y continúa explicando que “en nuestro tiempo, uno de sus rasgos singulares ha sido confrontarse con el fenómeno del alejamiento de la fe, que se ha manifestado progresivamente en sociedades y culturas que desde hacía siglos parecían impregnadas por el Evangelio”.

También cita algunas transformaciones sociales de las últimas décadas “que han modificado profundamente la percepción de nuestro mundo”.

Entre ellas, el Papa destaca “los gigantescos progresos de la ciencia y de la técnica”, “la ampliación de las posibilidades de vida y de los espacios de libertad individual”, “los profundos cambios en el campo económico”, “el proceso de mezclas de etnias y culturas causado por fenómenos migratorios masivos” y “la creciente interdependencia entre los pueblos”.

A continuación, constata las consecuencias -algunas beneficiosas y otras preocupantes- de todo ello en la dimensión religiosa de la vida del hombre.

“Por un lado la humanidad ha conocido innegables beneficios de estas transformaicones y la Iglesia ha recibido ulteriores estímulos para dar razón de la esperanza que lleva”, explica el Pontífice.

“Por el otro -añade-, se ha verificado una preocupante pérdida del sentido de lo sagrado, llegando incluso a cuestionarse esos fundamentos que parecían indiscutibles, como la fe en un Dios creador y providente, la revelación de Jesucristo único salvador, y la común comprensión de las experiencias fundamentales del hombre como el nacer, el morir, el vivir en una familia, la referencia a una ley moral natural”.

Benedicto XVI indica que recoge las enseñanzas del Concilio Vaticano II y de sus predecesores sobre la cuestión de la relación entre la Iglesia y este mundo contemporáneo y “la necesidad de encontrar formas adecuadas para permitir a nuestros contemporáneos escuchar aún la Palabra viva y eterna del Señor”.

Particularmente recuerda que Pablo VI destacó la cada vez mayor necesidad del compromiso de la evangelización a causa de las frecuentes situaciones de descristianización, así como el concepto de “nueva evangelización” en el que profundizó Juan Pablo II.

El concepto de “nueva evangelización”, recuerda Benedicto XVI en el Motu proprio, resume la tarea que espera a la Iglesia hoy, en particular en las regiones de antigua cristianización”, que “si bien se refiere directamente a su forma de relacionarse hacia el exterior, presupone sin embargo ante todo una constante renovación interior”.

“Considero oportuno ofrecer respuestas adecuadas para que la Iglesia entera, dejándose regenerar por la fuerza del Espíritu Santo, se presente al mundo contemporáneo con un empuje misionero capaz de promover una nueva evangelización”, afirma Benedicto XVI en el documento por el que instituye el dicasterio.

Y añade: “Ésta hace referencia sobre todo a las Iglesias de antigua fundación, que sin embargo viven realidades muy diferenciadas”.

El Papa constata la necesidad de evangelizar de manera diferente territorios donde la práctica cristiana manifiesta una buena vitalidad y un profundo arraigo; otros donde se nota una más clara toma de distancia de la sociedad en su conjunto hacia la fe, con un tejido eclesial más débil, y finalmente zonas que parecen completamente descristianizadas”.

Estas últimas tierras, en las que “la luz de la fe se confía al testimonio de pequeñas comunidades”, explica Benedicto XVI, “necesitan un renovado primer anuncio del Evangelio” y a la vez “parecen ser particularmente refractarias a muchos aspectos del mensaje cristiano”.

El Papa añade que “de lo que tienen necesidad todas las Iglesias que viven en territorios tradicionalmente cristianos es de un renovado empuje misionero, expresión de una nueva generosa apretura al don de la gracia”.

Y concluye que “para proclamar de forma fecunda la Palabra del Evangelio, es necesario ante todo que se haga una profunda experiencia de Dios”.

Written by Salvador Carbó

13 octubre, 2010 at 10:26

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El Papa alaba la riqueza de las Iglesias católicas orientales en la apertura del Sínodo para Oriente Medio

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Durante la homilía, el Papa subrayó sobre todo la necesidad de la comunión entre las Iglesias locales, que es necesaria «más que nunca», afirmó el Pontífice.
La Iglesia cumple su misión «sencillamente siendo ella misma, es decir, comunión y testimonio», afirmó el Papa.
Benedicto XVI afirmó que los cristianos de Oriente Medio están llamados a un testimonio esencial: la unidad en la diversidad, que puede favorecer enormemente al ecumenismo, y también al diálogo interreligioso.
No es casual, aseveró, que en estas tierras «la única Iglesia de Cristo se expresa en la variedad de las tradiciones litúrgicas, espirituales, culturales y disciplinarias de las seis venerables Iglesias Orientales Católicas, como también en la tradición latina».
Esta comunión debe darse, subrayó, ante todo en el interior de cada Iglesia, entre sus miembros: patriarcas, obispos, sacerdotes, consagrados y laicos. Y, después, en las relaciones con las otras Iglesias. Esto podría suponer «una ocasión propicia para proseguir de forma constructiva el diálogo tanto con los judíos, con los cuales nos une de forma indisoluble la larga historia de la Alianza, como con los musulmanes». «Todos deseamos que los fieles sientan la alegría de vivir en Tierra Santa, tierra bendecida por la presencia y por el glorioso misterio pascual del Señor Jesucristo», subrayó el Papa, añadiendo que el propio Sínodo «demuestra el interés de toda la Iglesia por la valiosa y amada porción del Pueblo de Dios que vive en Tierra Santa y en todo Oriente Medio».
Además comentó que «vivir de forma digna en la propia patria es, antes que nada, un derecho humano fundamental: por ello, es necesario favorecer las condiciones de paz y justicia, indispensables para un desarrollo armonioso».
«A pesar de las dificultades, los cristianos de Tierra Santa están llamados a reavivar la conciencia de ser piedras vivas de la Iglesia en Oriente Medio, en los Lugares santos de nuestra salvación», animó Benedicto XVI a los cristianos.

Written by Salvador Carbó

12 octubre, 2010 at 14:54

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Misa en la Capilla del Obispo 10-10-10 Hermanitas del Cordero

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Enlace de la misa del 10 de octubre de 2010, televisada desde la capilla del Obispo, con las Hermanitas del Cordero en Madrid. Antes hay un breve reportaje sobre la Capilla y las Hermanitas.
http://www.rtve.es/alacarta/la2/ultimos/dia-1/2.html#898336

Written by Salvador Carbó

12 octubre, 2010 at 9:03

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