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Galilea: Cristianos de Tierra Santa y los Judíos unidos por la "sinfonía-catequesis" escrita por Kiko Argüello

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Padre Rino Rossi, Rector Seminario Domus Galilaeae

Fri, 22 Apr 2011 11:28:00

(Original de Radio Vaticana) CAMINEO.INFO.- Korazim / ISRAEL.-   Se llevó a cabo la noche del martes en la Domus Galilaeae, en el Centro Internacional de Camino Neocatecumenal en el Lago de Tiberíades, una celebración "sinfónico-catequética", donde se interpretó la sinfonía "El sufrimiento de los inocentes", escrita por el iniciador del Camino, Kiko Argüello.

El concierto se llevó a cabo por 120 músicos y coro de España, Italia y Polonia. En un clima de profunda emoción, la sinfonía se realizó frente a 800 cristianos en Tierra Santa.

Estaban presentes el Arzobispo Melquita griego Mons. Elias Chacour, el obispo de Nazaret, Mons. América. También Giacinto Marcuzzo, encargado de asuntos religiosos del gobierno de Israel, sacerdotes, monjas, celebridades y muchos de los fieles que vinieron no sólo de Galilea, sino también de Jerusalén y Tel Aviv.

Además de las tres partes de la sinfonía, que se presentó en la sala Nervi el 17 de enero ante el Santo Padre, se hizo la primera de "La oración de Jesús en Getsemaní", compuesto por Kiko con la orquesta en estos últimos días en Galilea.

La novedad es que la sinfonía se llevó a cabo en una celebración de la palabra con el anuncio de dos lecturas del Antiguo y del Nuevo Testamento.

Después del Evangelio, la sinfonía se realizó, seguida de la homilía del Presidente y oraciones.

Este tipo de celebración "sinfónico-catequética", donde la palabra se entrelaza con la música, golpeó a los presentes, especialmente ahora que algunos cristianos no frecuentan la iglesia y que han expresado el deseo de regresar.

Hoy, Jueves Santo, la misma celebración se ofrecerá esta noche con un gran grupo de judíos – incluyendo muchos rabinos y autoridades judías – que con gusto aceptaron la invitación. Muchos judíos, de hecho, han estado en esta casa y ya han participado en muchos eventos.

Todo esto en la línea indicada por Juan Pablo II antes de su muerte, en un mensaje enviado a la inauguración de la Domus Galilaeae, esperando que el Centro podría ser una serie de iniciativas para promover un diálogo más profundo entre la Iglesia católica y el pueblo judío.

Al final de la celebración se hizo también el anuncio, de la realización del Parque Memorial "Juan Pablo II" que la fundación judía Keren Kaieme (KK) realizará gracias a la cooperación del gobierno de Israel.

Este parque va a nacer en el Monte de las Bienaventuranzas en el lugar junto a Domus Galilaeae, donde el Papa Juan Pablo II celebró la Eucaristía 24 de marzo 2000 con los fieles de la Tierra Santa y los jóvenes del Camino Neocatecumenal.

Con el desarrollo de este parque, el pueblo judío quiere expresar su gratitud al Papa Juan Pablo II, también con vistas a la beatificación de su visita a Tierra Santa y el gran amor que ha demostrado durante su pontificado.

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Written by Salvador Carbó

23 abril, 2011 at 19:13

“Cuaresma, tiempo bautismal” – Mensaje del Papa para la Cuaresma 2011

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Con Cristo sois sepultados en el Bautismo, con él también habéis resucitado”(cf. Col 2, 12)

Queridos hermanos y hermanas:
La Cuaresma, que nos lleva a la celebración de la Santa Pascua, es para la Iglesia un tiempo litúrgico muy valioso e importante, con vistas al cual me alegra dirigiros unas palabras específicas para que lo vivamos con el debido compromiso. La Comunidad eclesial, asidua en la oración y en la caridad operosa, mientras mira hacia el encuentro definitivo con su Esposo en la Pascua eterna, intensifica su camino de purificación en el espíritu, para obtener con más abundancia del Misterio de la redención la vida nueva en Cristo Señor (cf. Prefacio I de Cuaresma).
1. Esta misma vida ya se nos transmitió el día del Bautismo, cuando «al participar de la muerte y resurrección de Cristo» comenzó para nosotros «la aventura gozosa y entusiasmante del discípulo» (Homilía en la fiesta del Bautismo del Señor, 10 de enero de 2010). San Pablo, en sus Cartas, insiste repetidamente en la comunión singular con el Hijo de Dios que se realiza en este lavacro. El hecho de que en la mayoría de los casos el Bautismo se reciba en la infancia pone de relieve que se trata de un don de Dios: nadie merece la vida eterna con sus fuerzas. La misericordia de Dios, que borra el pecado y permite vivir en la propia existencia «los mismos sentimientos que Cristo Jesús» (Flp 2, 5) se comunica al hombre gratuitamente.
El Apóstol de los gentiles, en la Carta a los Filipenses, expresa el sentido de la transformación que tiene lugar al participar en la muerte y resurrección de Cristo, indicando su meta: que yo pueda «conocerle a él, el poder de su resurrección y la comunión en sus padecimientos hasta hacerme semejante a él en su muerte, tratando de llegar a la resurrección de entre los muertos» (Flp 3, 10-11). El Bautismo, por tanto, no es un rito del pasado sino el encuentro con Cristo que conforma toda la existencia del bautizado, le da la vida divina y lo llama a una conversión sincera, iniciada y sostenida por la Gracia, que lo lleve a alcanzar la talla adulta de Cristo.
Un nexo particular vincula al Bautismo con la Cuaresma como momento favorable para experimentar la Gracia que salva. Los Padres del Concilio Vaticano II exhortaron a todos los Pastores de la Iglesia a utilizar «con mayor abundancia los elementos bautismales propios de la liturgia cuaresmal» (Sacrosanctum Concilium, 109). En efecto, desde siempre, la Iglesia asocia la Vigilia Pascual a la celebración del Bautismo: en este Sacramento se realiza el gran misterio por el cual el hombre muere al pecado, participa de la vida nueva en Jesucristo Resucitado y recibe el mismo espíritu de Dios que resucitó a Jesús de entre los muertos (cf.Rm 8, 11). Este don gratuito debe ser reavivado en cada uno de nosotros y la Cuaresma nos ofrece un recorrido análogo al catecumenado, que para los cristianos de la Iglesia antigua, así como para los catecúmenos de hoy, es una escuela insustituible de fe y de vida cristiana: viven realmente el Bautismo como un acto decisivo para toda su existencia.
2. Para emprender seriamente el camino hacia la Pascua y prepararnos a celebrar la Resurrección del Señor —la fiesta más gozosa y solemne de todo el Año litúrgico—, ¿qué puede haber de más adecuado que dejarnos guiar por la Palabra de Dios? Por esto la Iglesia, en los textos evangélicos de los domingos de Cuaresma, nos guía a un encuentro especialmente intenso con el Señor, haciéndonos recorrer las etapas del camino de la iniciación cristiana: para los catecúmenos, en la perspectiva de recibir el Sacramento del renacimiento, y para quien está bautizado, con vistas a nuevos y decisivos pasos en el seguimiento de Cristo y en la entrega más plena a él.
El primer domingo del itinerario cuaresmal subraya nuestra condición de hombre en esta tierra. La batalla victoriosa contra las tentaciones, que da inicio a la misión de Jesús, es una invitación a tomar conciencia de la propia fragilidad para acoger la Gracia que libera del pecado e infunde nueva fuerza en Cristo, camino, verdad y vida (cf. Ordo Initiationis Christianae Adultorum, n. 25). Es una llamada decidida a recordar que la fe cristiana implica, siguiendo el ejemplo de Jesús y en unión con él, una lucha «contra los Dominadores de este mundo tenebroso» (Ef 6, 12), en el cual el diablo actúa y no se cansa, tampoco hoy, de tentar al hombre que quiere acercarse al Señor: Cristo sale victorioso, para abrir también nuestro corazón a la esperanza y guiarnos a vencer las seducciones del mal.
El Evangelio de la Transfiguración del Señor pone delante de nuestros ojos la gloria de Cristo, que anticipa la resurrección y que anuncia la divinización del hombre. La comunidad cristiana toma conciencia de que es llevada, como los Apóstoles Pedro, Santiago y Juan «aparte, a un monte alto» (Mt 17, 1), para acoger nuevamente en Cristo, como hijos en el Hijo, el don de la gracia de Dios: «Este es mi Hijo amado, en quien me complazco; escuchadle» (v. 5). Es la invitación a alejarse del ruido de la vida diaria para sumergirse en la presencia de Dios: él quiere transmitirnos, cada día, una palabra que penetra en las profundidades de nuestro espíritu, donde discierne el bien y el mal (cf. Hb 4, 12) y fortalece la voluntad de seguir al Señor.
La petición de Jesús a la samaritana: «Dame de beber» (Jn 4, 7), que se lee en la liturgia del tercer domingo, expresa la pasión de Dios por todo hombre y quiere suscitar en nuestro corazón el deseo del don del «agua que brota para vida eterna» (v. 14): es el don del Espíritu Santo, que hace de los cristianos «adoradores verdaderos» capaces de orar al Padre «en espíritu y en verdad» (v. 23). ¡Sólo esta agua puede apagar nuestra sed de bien, de verdad y de belleza! Sólo esta agua, que nos da el Hijo, irriga los desiertos del alma inquieta e insatisfecha, «hasta que descanse en Dios», según las célebres palabras de san Agustín.
El domingo del ciego de nacimiento presenta a Cristo como luz del mundo. El Evangelio nos interpela a cada uno de nosotros: «¿Tú crees en el Hijo del hombre?». «Creo, Señor» (Jn 9, 35.38), afirma con alegría el ciego de nacimiento, dando voz a todo creyente. El milagro de la curación es el signo de que Cristo, junto con la vista, quiere abrir nuestra mirada interior, para que nuestra fe sea cada vez más profunda y podamos reconocer en él a nuestro único Salvador. Él ilumina todas las oscuridades de la vida y lleva al hombre a vivir como «hijo de la luz».
Cuando, en el quinto domingo, se proclama la resurrección de Lázaro, nos encontramos frente al misterio último de nuestra existencia: «Yo soy la resurrección y la vida… ¿Crees esto?» (Jn 11, 25-26). Para la comunidad cristiana es el momento de volver a poner con sinceridad, junto con Marta, toda la esperanza en Jesús de Nazaret: «Sí, Señor, yo creo que tú eres el Cristo, el Hijo de Dios, el que iba a venir al mundo» (v. 27). La comunión con Cristo en esta vida nos prepara a cruzar la frontera de la muerte, para vivir sin fin en él. La fe en la resurrección de los muertos y la esperanza en la vida eterna abren nuestra mirada al sentido último de nuestra existencia: Dios ha creado al hombre para la resurrección y para la vida, y esta verdad da la dimensión auténtica y definitiva a la historia de los hombres, a su existencia personal y a su vida social, a la cultura, a la política, a la economía. Privado de la luz de la fe todo el universo acaba encerrado dentro de un sepulcro sin futuro, sin esperanza.
El recorrido cuaresmal encuentra su cumplimiento en el Triduo Pascual, en particular en la Gran Vigilia de la Noche Santa: al renovar las promesas bautismales, reafirmamos que Cristo es el Señor de nuestra vida, la vida que Dios nos comunicó cuando renacimos «del agua y del Espíritu Santo», y confirmamos de nuevo nuestro firme compromiso de corresponder a la acción de la Gracia para ser sus discípulos.
3. Nuestro sumergirnos en la muerte y resurrección de Cristo mediante el sacramento del Bautismo, nos impulsa cada día a liberar nuestro corazón del peso de las cosas materiales, de un vínculo egoísta con la «tierra», que nos empobrece y nos impide estar disponibles y abiertos a Dios y al prójimo. En Cristo, Dios se ha revelado como Amor (cf. 1 Jn 4, 7-10). La Cruz de Cristo, la «palabra de la Cruz» manifiesta el poder salvífico de Dios (cf. 1 Co 1, 18), que se da para levantar al hombre y traerle la salvación: amor en su forma más radical (cf. Enc. Deus caritas est, 12). Mediante las prácticas tradicionales del ayuno, la limosna y la oración, expresiones del compromiso de conversión, la Cuaresma educa a vivir de modo cada vez más radical el amor de Cristo. El ayuno, que puede tener distintas motivaciones, adquiere para el cristiano un significado profundamente religioso: haciendo más pobre nuestra mesa aprendemos a superar el egoísmo para vivir en la lógica del don y del amor; soportando la privación de alguna cosa —y no sólo de lo superfluo— aprendemos a apartar la mirada de nuestro «yo», para descubrir a Alguien a nuestro lado y reconocer a Dios en los rostros de tantos de nuestros hermanos. Para el cristiano el ayuno no tiene nada de intimista, sino que abre mayormente a Dios y a las necesidades de los hombres, y hace que el amor a Dios sea también amor al prójimo (cf. Mc 12, 31).
En nuestro camino también nos encontramos ante la tentación del tener, de la avidez de dinero, que insidia el primado de Dios en nuestra vida. El afán de poseer provoca violencia, prevaricación y muerte; por esto la Iglesia, especialmente en el tiempo cuaresmal, recuerda la práctica de la limosna, es decir, la capacidad de compartir. La idolatría de los bienes, en cambio, no sólo aleja del otro, sino que despoja al hombre, lo hace infeliz, lo engaña, lo defrauda sin realizar lo que promete, porque sitúa las cosas materiales en el lugar de Dios, única fuente de la vida. ¿Cómo comprender la bondad paterna de Dios si el corazón está lleno de uno mismo y de los propios proyectos, con los cuales nos hacemos ilusiones de que podemos asegurar el futuro? La tentación es pensar, como el rico de la parábola: «Alma, tienes muchos bienes en reserva para muchos años… Pero Dios le dijo: "¡Necio! Esta misma noche te reclamarán el alma"» (Lc 12, 19-20). La práctica de la limosna nos recuerda el primado de Dios y la atención hacia los demás, para redescubrir a nuestro Padre bueno y recibir su misericordia.
En todo el período cuaresmal, la Iglesia nos ofrece con particular abundancia la Palabra de Dios. Meditándola e interiorizándola para vivirla diariamente, aprendemos una forma preciosa e insustituible de oración, porque la escucha atenta de Dios, que sigue hablando a nuestro corazón, alimenta el camino de fe que iniciamos en el día del Bautismo. La oración nos permite también adquirir una nueva concepción del tiempo: de hecho, sin la perspectiva de la eternidad y de la trascendencia, simplemente marca nuestros pasos hacia un horizonte que no tiene futuro. En la oración encontramos, en cambio, tiempo para Dios, para conocer que «sus palabras no pasarán» (cf. Mc 13, 31), para entrar en la íntima comunión con él que «nadie podrá quitarnos» (cf. Jn 16, 22) y que nos abre a la esperanza que no falla, a la vida eterna.
En síntesis, el itinerario cuaresmal, en el cual se nos invita a contemplar el Misterio de la cruz, es «hacerme semejante a él en su muerte» (Flp 3, 10), para llevar a cabo una conversión profunda de nuestra vida: dejarnos transformar por la acción del Espíritu Santo, como san Pablo en el camino de Damasco; orientar con decisión nuestra existencia según la voluntad de Dios; liberarnos de nuestro egoísmo, superando el instinto de dominio sobre los demás y abriéndonos a la caridad de Cristo. El período cuaresmal es el momento favorable para reconocer nuestra debilidad, acoger, con una sincera revisión de vida, la Gracia renovadora del Sacramento de la Penitencia y caminar con decisión hacia Cristo.
Queridos hermanos y hermanas, mediante el encuentro personal con nuestro Redentor y mediante el ayuno, la limosna y la oración, el camino de conversión hacia la Pascua nos lleva a redescubrir nuestro Bautismo. Renovemos en esta Cuaresma la acogida de la Gracia que Dios nos dio en ese momento, para que ilumine y guíe todas nuestras acciones. Lo que el Sacramento significa y realiza estamos llamados a vivirlo cada día siguiendo a Cristo de modo cada vez más generoso y auténtico. Encomendamos nuestro itinerario a la Virgen María, que engendró al Verbo de Dios en la fe y en la carne, para sumergirnos como ella en la muerte y resurrección de su Hijo Jesús y obtener la vida eterna.
Vaticano, 4 de noviembre de 2010
BENEDICTUS PP XVI

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Written by Salvador Carbó

7 marzo, 2011 at 19:23

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Agenda del Papa para la Jornada Mundial de la Juventud en Madrid

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Jueves 18, de agosto

12:00  Llegada al aeropuerto de Barajas. Ceremonia de bienvenida en el Pabellón de Estado.
12:40  Recorrido de entrada a Madrid en Papamóvil y llegada  a la Nunciatura.
19:00 Acto de bienvenida de los jóvenes en Cibeles. En la plaza de la Independencia cruzará la Puerta de Alcalá con jóvenes de los cinco continentes. Tras este acto, subirá al Papamóvil, que lo trasladará hasta la plaza de Cibeles.

Viernes, 19 de agosto

11:30  Encuentro con religiosas jóvenes en el Patio de los Reyes del Monasterio de El Escorial. Encuentro con profesores universitarios jóvenes, en la Basílica.
19:30  Vía Crucis en la plaza de Cibeles.

Sábado, 20 de agosto

10  Misa para seminaristas en la catedral de la Almudena.
19:40  Visita a la Fundación Instituto San José, centro de atención a personas con discapacidad de la Orden Hospitalaria de San Juan de Dios.
20:30  Vigilia con los jóvenes en el aeródromo de Cuatro Vientos.

Domingo, 21 de agosto

09:00  Llegada a Cuatro Vientos y recorrido en Papamóvil por la zona.
09:30  Comienzo de la Misa de clausura de la JMJ.
17:30  Encuentro con los Voluntarios de la JMJ en el recinto ferial IFEMA.
18:30  Despedida oficial en el aeropuerto de Barajas.

Written by Salvador Carbó

22 febrero, 2011 at 15:47

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Audiencia del Papa Benedicto XVI a los miembros del Camino Neocatecumenal

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Tomad nota y comunicad a quien podáis, por favor, que la ceremonia de envío de las familias por el Papa Benedicto XVI el pasado día 17 se retransmitirá de nuevo el próximo Domingo día 23 por "POPULAR TV", entre 09:30 y 11 de la mañana. También lo retransmitirán por "13 TV" el Domingo a la misma hora. Y en  "Intereconomía" durante el programa "Valores en alza" el mismo Domingo por la mañana, pondrán un resumen de unos 13 minutos.

La paz.

Written by Salvador Carbó

21 enero, 2011 at 17:56

Visita del Papa Benedicto XVI a la Parroquia san Maximiliano Kolbe

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Benedicto XVI visitó la parroquia de san Maximiliano Kolbe, un sacerdote polaco que dio su vida en el campo de concentración de Auschwitz para salvar a un padre de familia. Cientos de personas acudieron a la Misa y el barrió se volcó durante la llegada del Papa a esta iglesia situada a las afueras de Roma. La parroquia fue consagrada en 2009 y tiene pinturas de Kiko Argüello, fundador del Camino Neocatecumenal. Es una iglesia muy activa y con alto porcentaje de inmigrantes. Su párroco es polaco.

Por eso Benedicto XVI les pidió que favorezcan el diálogo y la comprensión entre las distintas culturas y modos de vida. Dijo que todas las personas deben encontrar en la parroquia un lugar donde formarse y sentirse en familia.

Esforzaos por crecer cada vez más en la comunión con todos: es importante promover ocasiones de diálogo y favorecer la comprensión recíproca entre personas de distintas culturas, modelos de vida y condiciones sociales diferentes. Pero todavía es más importante involucrar a las personas en la vida cristiana con una pastoral atenta a las necesidades reales de cada uno

Dijo que si actúan así, las personas podrán llevar a Dios a sus trabajos y lugares de ocio.

El Papa dijo que muchos se han declarado salvadores del mundo intentando sustituir a Dios. Sin embargo, señaló Benedicto XVI, Cristo no ha provocado una revolución cruenta ni ha cambiado el mundo por la fuerza sino que ha ido encendiendo pequeñas luces a lo largo de la historia.

Han venido tantos profetas, ideólogos y dictadores que han dicho: ¡No es Él! ¡No ha cambiado el mundo! ¡Somos nosotros! Y han creado sus imperios, sus dictaduras, sus totalitarismos que debían cambiar el mundo. Y lo han cambiado, pero en un modo destructivo”.

El Papa también se dirigió a los jóvenes. Les dijo que la Iglesia espera mucho de ellos, de su entusiasmo y de su radicalidad en sus decisiones de vida.

También tuvo unas palabras para los matrimonios. Les dijo que ante las dificultades se acuerden del “sí” que se prometieron delante de Dios el día de su boda. Recordó que la fidelidad exige “coraje, generosidad y sacrificio”.

Una celebración muy emocionante que esta parroquia recordará siempre.

Written by Salvador Carbó

16 diciembre, 2010 at 13:34

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Un dicasterio para pensar y llevar adelante la nueva evangelización

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El contenido del Motu Proprio “Ubicumque et semper”

CIUDAD DEL VATICANO, martes 12 de octubre de 2010 (ZENIT.org).- La Santa Sede publicó este martes la Carta apostólica de Benedicto XVI en forma de Motu propio titulada Ubicumque et semper, con la que se instituye un nuevo dicasterio de la Curia Romana, el Consejo Pontificio para la Promoción de la Nueva Evangelización.

El documento contiene cuatro artículos y una reflexión del Papa sobre la necesidad de evangelizar y las particularidades de la evangelización actual.

La finalidad del nuevo consejo pontificio, indicada en el artículo 1 del Motu proprio, incluye estimular “la reflexión sobre los temas de la nueva evangelización” e identificar y promover “las formas y los instrumentos adecuados para realizarla”.

El Motu proprio indica que la acción del nuevo Consejo “está al servicio de las Iglesias particulares, especialmente en esos territorios de tradición cristiana donde con mayor evidencia se manifiesta el fenómeno de la secularización”.

Entre las tareas específicas del dicasterio, el documento, fechado en Castel Gandolfo el pasado 21 de septiembre, señala “profundizar en el significado teológico y pastoral de la nueva evangelización”.

También promover y favorecer el Magisterio pontificio relativo a las temáticas relacionadas con la nueva evangelización, dar a conocer iniciativas ligadas a ésta que ya se realizan y promover de nuevo su realización.

Y ello en estrecha colaboración con las conferencias episcopales interesadas, e “implicando activamente también los recursos presentes en los Institutos de Vida Consagrada y en las Sociedades de Vida Apostólica, como también en las agregaciones de fieles y en las nuevas comunidades”.

Otra de las tareas del Consejo Pontificio para la Promoción de la Nueva Evangelización es “estudiar y favorecer la utilización de las modernas formas de comunicación, como instrumentos para la nueva evangelización”.

Y finalmente, el dicasterio se encarga también de “promover el uso del Catecismo de la Iglesia Católica, como formulación esencial y completa del contenido de la fe para los hombres de nuestro tiempo”.

El nuevo dicasterio está dirigido por un arzobispo presidente, el primero de los cuales es el arzobispo italiano Rino Fisichella, que presentó hoy públicamente en la Santa Sede el Consejo Pontificio para la Promoción de la Nueva Evangelización.

También contará con un secretario, un subsecretario, “un adecuado número de oficiales” y miembros propios. Además puede disponer de consultores propios, establece Ubicumque et semper.

Siempre y en todas partes

El título del Motu proprio (traducido del latín al español, Donde sea y siempre) hace referencia al deber que tiene la Iglesia de anunciar siempre y en todas partes el Evangelio de Jesucristo.

En el documento, Benedicto XVI constata que la misión evangelizadora de la Iglesia “ha asumido en la historia formas y modalidades siempre nuevas según los tiempos, las situaciones y los momentos históricos”.

Y continúa explicando que “en nuestro tiempo, uno de sus rasgos singulares ha sido confrontarse con el fenómeno del alejamiento de la fe, que se ha manifestado progresivamente en sociedades y culturas que desde hacía siglos parecían impregnadas por el Evangelio”.

También cita algunas transformaciones sociales de las últimas décadas “que han modificado profundamente la percepción de nuestro mundo”.

Entre ellas, el Papa destaca “los gigantescos progresos de la ciencia y de la técnica”, “la ampliación de las posibilidades de vida y de los espacios de libertad individual”, “los profundos cambios en el campo económico”, “el proceso de mezclas de etnias y culturas causado por fenómenos migratorios masivos” y “la creciente interdependencia entre los pueblos”.

A continuación, constata las consecuencias -algunas beneficiosas y otras preocupantes- de todo ello en la dimensión religiosa de la vida del hombre.

“Por un lado la humanidad ha conocido innegables beneficios de estas transformaicones y la Iglesia ha recibido ulteriores estímulos para dar razón de la esperanza que lleva”, explica el Pontífice.

“Por el otro -añade-, se ha verificado una preocupante pérdida del sentido de lo sagrado, llegando incluso a cuestionarse esos fundamentos que parecían indiscutibles, como la fe en un Dios creador y providente, la revelación de Jesucristo único salvador, y la común comprensión de las experiencias fundamentales del hombre como el nacer, el morir, el vivir en una familia, la referencia a una ley moral natural”.

Benedicto XVI indica que recoge las enseñanzas del Concilio Vaticano II y de sus predecesores sobre la cuestión de la relación entre la Iglesia y este mundo contemporáneo y “la necesidad de encontrar formas adecuadas para permitir a nuestros contemporáneos escuchar aún la Palabra viva y eterna del Señor”.

Particularmente recuerda que Pablo VI destacó la cada vez mayor necesidad del compromiso de la evangelización a causa de las frecuentes situaciones de descristianización, así como el concepto de “nueva evangelización” en el que profundizó Juan Pablo II.

El concepto de “nueva evangelización”, recuerda Benedicto XVI en el Motu proprio, resume la tarea que espera a la Iglesia hoy, en particular en las regiones de antigua cristianización”, que “si bien se refiere directamente a su forma de relacionarse hacia el exterior, presupone sin embargo ante todo una constante renovación interior”.

“Considero oportuno ofrecer respuestas adecuadas para que la Iglesia entera, dejándose regenerar por la fuerza del Espíritu Santo, se presente al mundo contemporáneo con un empuje misionero capaz de promover una nueva evangelización”, afirma Benedicto XVI en el documento por el que instituye el dicasterio.

Y añade: “Ésta hace referencia sobre todo a las Iglesias de antigua fundación, que sin embargo viven realidades muy diferenciadas”.

El Papa constata la necesidad de evangelizar de manera diferente territorios donde la práctica cristiana manifiesta una buena vitalidad y un profundo arraigo; otros donde se nota una más clara toma de distancia de la sociedad en su conjunto hacia la fe, con un tejido eclesial más débil, y finalmente zonas que parecen completamente descristianizadas”.

Estas últimas tierras, en las que “la luz de la fe se confía al testimonio de pequeñas comunidades”, explica Benedicto XVI, “necesitan un renovado primer anuncio del Evangelio” y a la vez “parecen ser particularmente refractarias a muchos aspectos del mensaje cristiano”.

El Papa añade que “de lo que tienen necesidad todas las Iglesias que viven en territorios tradicionalmente cristianos es de un renovado empuje misionero, expresión de una nueva generosa apretura al don de la gracia”.

Y concluye que “para proclamar de forma fecunda la Palabra del Evangelio, es necesario ante todo que se haga una profunda experiencia de Dios”.

Written by Salvador Carbó

13 octubre, 2010 at 10:26

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